La diabetes neonatal (DN) es una forma de diabetes poco frecuente, ya que se presenta en aproximadamente 1 de cada 500000 nacimientos, pero cuyo diagnóstico tiene gran trascendencia para la persona que la padece. Esta forma de diabetes aparece antes de los seis meses de edad, se orienta generalmente como una diabetes mellitas tipo 1 y por tanto es tratada con insulina, tratamiento que acompañara de por vida al enfermo, salvo que se replantee el diagnostico.

La DN puede ser transitoria, en cuyo caso puede resolverse antes de los 18 meses de vida para reaparecer años mas tarde, o permanente. Generalmente la causa de la DN es una mutación en alguno de los genes involucrados en el desarrollo y función de la célula beta, responsables de la síntesis de insulina. Estas mutaciones, localizadas en la región cromosómica 6q24, están relacionadas con la despolarización de la membrana de la célula beta en respuesta a ATP, y consecuentemente con la secreción de insulina.

La importancia de efectuar el diagnóstico de estos enfermos es que las sulfonilureas, fármacos orales que habitualmente se  utilizan para el tratamiento de la diabetes tipo 2, son capaces de estimular la secreción de insulina por una vía independiente de ATP, y por tanto son capaces de restaurar la secreción de insulina. Desde un punto vista práctico esto puede suponer que un enfermo que ha sido tratado con insulina toda su vida pueda pasar a tratarse con pastillas de forma totalmente eficaz. Por tanto, hoy en día es obligado que aquellas personas que presentan una diabetes diagnosticada antes de los seis meses de edad consulten con su endocrinólogo ya que el diagnostico genético puede hacerse con relativa facilidad y efectuarlo puede cambiar el tipo de tratamiento y sin duda su calidad de vida

La diabetes ocupa uno de los primeros lugares en la lista de principales causas de muerte
en los Estados Unidos. De acuerdo a datos publicados por el National Council of La Raza
(NCLR), en el 2005, 20 millones de personas en el país padecían de esta enfermedad, en
especial, la tipo 2. Hoy, seguramente, los números han ido en aumento, especialmente
entre los hispanos. Se estima que tres de cada 10 personas mayores de 50 años que vive
en este país padece de diabetes. Los hispanos en general, tienen 1.5 más probabilidades
de desarrollar diabetes tipo 2 que las personas de otras razas. Y entre los hispanos, las
personas de origen mexicano están en mayor riesgo de padecer esta enfermedad que es
casi tan antigua como la humanidad.
El nombre de la diabetes mellitus, hoy más conocida simplemente como diabetes, fue
asignado por los romanos y los griegos. La palabra “mellitus” significa “dulce” en Latín.
Al parecer, los romanos descubrieron esta enfermedad –y esto no va a sonar muy
agradable—lo hicieron bebiendo la orina de los pacientes para detectar si era más dulce.
Los griegos por su parte, se dieron cuenta de que quienes tenían la orina más dulce,
también eliminaban líquidos tan pronto como los tomaban. Entonces dijeron la palabra
“diabetes” que en griego significa “sifón”. Es decir que diabetes mellitus es algo así
como “sifón dulce”.
Veamos de qué se trata esta enfermedad con nombre greco-romano.
1. ¿Qué es?
Comúnmente conocida como diabetes, esta enfermedad se desarrolla cuando el páncreas
o deja de producir insulina, o no produce suficiente cantidad de esta hormona, o la que
produce no funciona bien. La insulina es una hormona producida por el páncreas que le
ayuda a las células a extraer la glucosa (un tipo de azúcar). La glucosa en la sangre se
utiliza como fuente de energía. Imagínate que la insulina es como un mensajero que lleva
un encargo importante, la glucosa, y va tocando a la puerta de las células para que éstas
reciban su pedido. En pocas palabras, la insulina es quien regula los niveles de glucosa o
azúcar en la sangre. La diabetes mellitus se presenta cuando el páncreas no produce esta
hormona en cantidades suficientes o cuando las células del cuerpo desarrollan una
resistencia a ella, o “no la dejan entrar”. En cualquier caso, el efecto es el mismo: los
niveles de glucosa en la sangre aumentan. Sin embargo, dependiendo de ciertas variables,
hay dos tipos de diabetes.
Diabetes tipo 1: Antes se le conocía como “diabetes juvenil” porque por lo general
aparece antes de los 35 años, también se le conoce como “diabetes insulino-dependiente”
porque la gente necesita inyectarse insulina todos los días para poder metabolizar los
alimentos que consumen y depende de ella para vivir. En este tipo de diabetes el páncreas
o no produce insulina o produce muy poca. Aunque aún se desconoce exactamente qué la
causa, se sabe que el propio sistema de defensa de la persona (sistema inmunológico)
ataca y destruye las células productoras de insulina (células beta) y éstas no pueden
producir más insulina.
Diabetes tipo 2: Es la forma más común de diabetes y por lo general se desarrolla en las
personas de mayores de 40 años. En esta forma de diabetes, lo que sucede es que las
células del cuerpo desarrollan resistencia gradual a los efectos de la insulina.
Normalmente, cuando la insulina llega a una célula, manda una señal al interior de esta
para que los “transportadores de glucosa” la conduzcan hacia el interior de la célula. Sin
embargo, cuando hay resistencia, esta señal es bloqueada y las células no pueden tomar
suficiente glucosa de la sangre. Esto ocasiona que los niveles de azúcar en la sangre se
eleven, lo cual hace que el páncreas produzca más insulina. Las células beta (del
páncreas) se esfuerzan demasiado, y esto produce que eventualmente se desgasten y
mueran. Lo más grave de todo, es que no son reemplazables. La causa de este tipo de
diabetes está relacionada con la obesidad y con factores genéticos. Tres de cada cuatro
personas que padecen este tipo de diabetes, sufren de sobrepeso. El factor hereditario es
muy común entre los hispanos, los afroamericanos y los indígenas americanos.
Gestacional: Se presenta durante el embarazo, por lo general después de que han pasado
20 semanas de gestación. Ocurre cuando las hormonas que produce la placenta para
mantener el embarazo se elevan, y el páncreas de la mujer embarazada no puede producir
suficiente insulina ya que esas hormonas hacen a las células más resistentes a la insulina.
Lo bueno es que este tipo de diabetes desaparece generalmente después de haber dado a
luz, lo malo es que las mujeres que la han padecido tienen más predisposición de
desarrollar diabetes tipo 2 en el futuro. El riesgo más grande de contraerla lo tienen las
mujeres que dieron a luz a un niño que pese más de 9 libras, tienen más de 30 años, son
obesas o tienen algún familiar con diabetes mellitus.
Hay otra enfermedad que se llama Diabetes Insipidus o insípida, pero es una enfermedad
diferente, no relacionada con esta y no muy frecuente.
2. Síntomas
Hay una variedad de síntomas que se presentan con la diabetes. Algunos se deben a la
elevación del azúcar en sangre, otros se deben al daño que esta enfermedad causa en los
distintos órganos del cuerpo (los ojos, los riñones, el sistema cardiovascular, el sistema
nervioso) a lo largo del tiempo. Entre los síntomas de la diabetes tipo 1 y 2 están:
• Mucha sed
• Orinar con frecuencia
• Mucha hambre
• Pérdida de peso
• Debilidad y somnolencia
• Cambios en la visión o visión borrosa
• Náuseas y vómito
• Cansancio
• Infecciones frecuentes o de curación lenta
• Disfunción eréctil
Es necesario aclarar que los síntomas de la diabetes tipo 1 típicamente son más
repentinos. Es decir, en el curso de pocos días, la persona con diabetes tipo 1 empieza a
orinar más, nota mucha sed y se puede deshidratar debido a la cantidad de líquido que
pierde en la orina y, a veces, el vómito. Es común que estas personas puedan desmayarse,
entrar en coma y en algunos casos, pueden morir si no se tratan rápidamente. Por otro
lado, los síntomas de la diabetes tipo 2 se van desarrollando a través del tiempo y es poco
a poco que van volviéndose más severos. Por un largo período (pueden pasar años) el
páncreas trabaja el doble, y los síntomas se presentan cuando ya las células están
gastadas.
3. Causas
La diabetes tipo 1, no se puede prevenir, pues las causas no son claras. Se dice que es
probable que hay personas genéticamente predispuestas a desarrollar enfermedades auto
inmunes (como es el caso de este tipo de diabetes) que se desencadenan cuando están
expuestas a un virus. Otra teorías apuntan a que ciertas toxinas la pueden producir. Los
investigadores siguen haciendo estudios para determinar a ciencia cierta la causa.
La diabetes tipo 2 por el contrario, puede prevenirse, o al menos, retrasarse, si se
conocen los factores de riesgo: ser obeso e hispano son dos de los ingredientes claves en
esta receta. Así que lo ideal es aprender a llevar una alimentación sana desde pequeños,
hacer ejercicio y mantener un peso saludable.
4. Prevención y tratamiento
La diabetes no tiene cura, pero el tratamiento adecuado puede reducir la posibilidad de
complicaciones y hacer que los pacientes lleven una vida bastante normal. Si aparece
algún síntoma de los mencionados anteriormente, es necesario que visites de inmediato al
doctor, quien te hará los exámenes necesarios como la prueba de glucosa en la sangre. Un
nivel de 200 mgs. por decilitro o más elevada en una muestra de sangre en una persona
que no está en ayunas, sugiere que podría tener diabetes, el diagnóstico se establece si tu
nivel está en 126 mgs./dl en ayunas dos veces, ya que los niveles normales son entre 70 y
100 mgs./dl en ayunas. Si se tiene entre 100 y 125 mg/dl se tiene pre-diabetes. La prediabetes
aumenta el riesgo de desarrollar diabetes y de tener problemas cardiovasculares.
La pre-diabetes también es importante, no la tomes a la ligera. Es una llamada de alerta
importante y ya pone en riesgo tu salud.
Independientemente del tipo de diabetes con el que te hayan diagnosticado, el tratamiento
incluye llevar una alimentación saludable, balanceada, con cierta cantidad de
carbohidratos (azúcares) que provienen principalmente de las frutas, las verduras y los
granos integrales (limitando las golosinas y los pastelitos para ocasiones muy especiales).
Además, debes incluir proteínas y grasas saludables (limitando la cantidad de grasas
saturadas que elevan el colesterol). Es importante que comas tres veces al día, idealmente
alrededor de la misma hora, con un refrigerio antes de acostarte y que incorpores el
ejercicio en tu vida diaria. La cantidad de la comida es tan importante como la calidad. Si
estás en sobrepeso, tu médico, o el equipo de salud que te sigue cuando te hable acerca de
tu alimentación, te hará recomendaciones para que pierdas peso, que además, te hará
sentirte mejor. Entre mejor controlado esté tu nivel de azúcar en la sangre, menos hambre
tendrás.
Dependiendo del tipo y la severidad de la diabetes, tu médico te indicará con qué
frecuencia debes chequearte el azúcar en casa y cuándo debes visitarlo a él o ella y a
otros miembros del equipo de salud, como a la nutricionista. También te recomendará
que visites al oftalmólogo para tu examen anual de los ojos.
El mantener bajo control tu presión arterial, tu colesterol y otras grasas en la sangre, te
ayudará a prevenir complicaciones. Tu nivel de hemoglobina A1C les permite tanto a tu
médico como a ti, saber si la diabetes ha estado bajo control en los últimos meses.
Idealmente debe estar en menos de 7. Pregunta tus números. Pregunta cuál es la meta.
Infórmate a dónde debes llegar y trata de llegar a esa meta.
Si tienes diabetes tipo 1, requieres un monitoreo más frecuente de tu azúcar en la sangre
porque de esta forma podrás determinar la dosis de insulina que necesitas. Hay diferentes
tipos de insulina, de corta y larga duración. Tu equipo de salud te explicará cómo debes
aplicártela. La curación obviamente sería un transplante de páncreas. En este momento se
está haciendo en algunos casos aislados pero se tienen que tomar medicinas para evitar el
rechazo y aún hay muchas complicaciones. Sin embargo hay muchos estudios a nivel
experimental.
Si padeces de diabetes, especialmente de tipo 1, es necesario que te familiarices con la
insulina, una sustancia de vital importancia para ti.
Lo que debes saber sobre la insulina
La insulina es la hormona que regula la cantidad de azúcar o glucosa en la sangre.
Cuando tienes diabetes, esta insulina o no se produce (diabetes tipo 1) en el páncreas, o la
que se produce no es suficiente o las células del cuerpo se vuelven resistentes a ella
(diabetes tipo 2). Por eso, es necesario usarla como medicamento. En este caso, proviene
del cerdo (insulina porcina) o se fabrica genéticamente para que sea idéntica a la insulina
humana. Las personas que pueden necesitar tratamiento con insulina son los diabéticos
tipo 1 (es la única medicina que puede controlar el aumento de glucosa en la sangre), los
diabéticos tipo 2 (es probable que necesiten usar insulina solamente o en combinación
con medicamentos orales) y las mujeres con diabetes gestacional (pues durante el
embarazo generalmente no se pueden administrar medicamentos orales).
Creo que independientemente de que requieras insulina o no, es útil estar familiarizado
con su aplicación:
• La insulina se debe usar inmediatamente después de cargar la jeringa:
- Limpia la piel con un algodón humedecido con alcohol
- Con tu pulgar y tu índice, pellizca tu piel tomando un poco del tejido subcutáneo ( de la
grasa que hay debajo de la piel), pero no el músculo. Es superficial.
- Forma un pliegue para introducir la aguja de forma ligeramente perpendicular
• La inyección debe ser subcutánea, es decir, debes aplicarla en la grasa que se
encuentra debajo de la piel.
• Es muy importante que verifiques que no hayas pinchado un vaso sanguíneo. Para
asegurarte, tira un poco del émbolo y checa que no aparezca sangre dentro de la
jeringa. Luego puedes aplicar la insulina.
• Es aconsejable que te inyectes la insulina en lugares diferentes para evitar que la
piel se resienta o se formen abultamientos. Estos sitios incluyen: la parte externa
de los muslos, la parte externa de los brazos, los glúteos y el abdomen.
• Relájate. No debes asustarte ni preocuparte. Es una aguja muy pequeña que no
causa mayor dolor. Además, piensa que estas inyecciones te están proporcionando
algo que te falta y te ayudarán a sentirte bien, así que acéptalas como parte de tu
vida y haz que se conviertan en algo normal.
Hay varios tipos de insulina, que se clasifican según el tiempo que tardan en surtir efecto
y en cuánto dura su efecto. Tu médico te recomendará la que sea mejor para ti. Lo
importante es lograr mantener los niveles de glucosa lo más cercano a lo normal, ni muy
altos ni muy bajos, a lo largo del día, ya que van a variar de acuerdo a tu alimentación y a
tus actividades.
En el caso de la diabetes tipo 2, en muchos casos se puede controlar la enfermedad con
dieta y ejercicio, aunque en otras ocasiones, puede ser necesario agregar uno o más
medicamentos para ayudar a regular los niveles de glucosa. Esto sólo lo puede determinar
tú médico. El perder peso es importantísimo para los pacientes que están en sobrepeso, ya
que esto reduce la resistencia a la insulina y el cuerpo puede aprovechar mejor la que se
produce. El ejercicio también ayuda con ambas cosas. Aunque este tipo de diabetes no es
insulino-dependiente, a veces se requiere insulina para controlar los niveles de azúcar
cuando los otros tratamientos fallan.
No puedo enfatizar suficiente la importancia de llevar una alimentación saludable en
cuanto a calidad y a cantidad y la importancia de mantenerse activo. Ninguna medicina
sustituye esto. Y no te dejes tomar el pelo con suplementos o píldoras milagrosas.
Acuérdate, la información es poder.
También es importantísimo controlar la presión y el colesterol, como hablaremos más
adelante.
Es importante que los diabéticos visiten regularmente a su médico para mantener su
diabetes bajo control y así ayudar a prevenir complicaciones en los ojos (retinopatía),
riñones (nefropatía), nervios (neuropatía), arterioesclerosis (ataques al corazón, embolias
cerebrales, etc.), problemas en los pies e infecciones, entre otros.
Pero lo más importante es que recuerdes que tú puedes controlar a tu diabetes, la diabetes
no te controla a ti. ¡Puedes vivir una vida larga y feliz!
5. Dieta y ejercicio
Hablando de controlar la diabetes, estas dos variables son muy importantes. Dieta sana
y ejercicio regular. No es que tengas que decidir entre hacer dieta o hacer ejercicio.
Para un diabético, las dos cosas son cruciales.
¿Qué funciona mejor? Sin duda alguna, ¡las dos cosas! Cuando se trata de prevenir la
diabetes tipo 2, tener sobrepeso y ser sedentario, son la combinación perfecta para que se
desarrolle la enfermedad. Los estudios han comprobado que lo mejor que pueden hacer
las personas en riesgo es decir, quienes tienen una historia familiar de diabetes, tienen
pre-diabetes, sobrepeso, tuvieron diabetes durante el embarazo (gestacional) o pertenecen
a un grupo étnico propenso, como nosotros los hispanos, es bajar de peso. ¿Y cuál es la
mejor manera de lograr esa meta? Comiendo mejor e incorporando una rutina de
ejercicios en la vida diaria.
Dieta para los diabéticos
Cuando hablo de la palabra “dieta” no me refiero a un régimen de esos que hacen pasar
hambre a las personas. Para nada. Dieta es simplemente la forma como denominamos al
conjunto de alimentos que consumimos para lograr una nutrición adecuada y para
mantener un peso sano.
Como la mayoría de las personas que tienen diabetes tipo 2 tiene sobrepeso, el adelgazar
es un requisito muy importante para su bienestar. Los que padecen de diabetes tipo 1
también deben cuidar su peso para evitar complicaciones. Lo más importante en la dieta
para controlar la diabetes es lograr un equilibrio en los alimentos que se consumen para
poder mantener los niveles de glucosa en la sangre dentro de los parámetros normales y
la actividad que se hace.
Aprender a comer
La palabra “calorías” está de moda. Que si lo que vas a comer tiene muchas, que si tiene
pocas, qué cuántas calorías consumes al desayuno etc. Básicamente, las calorías son la
medida energética (el combustible que necesita el cuerpo para funcionar) que aportan los
alimentos que consumimos, así:
• Los carbohidratos aportan 4 calorías por gramo
• Las proteínas 4 calorías por gramo
• Las grasas 9 calorías por gramo
• El alcohol 7 calorías por gramo
El peso de una persona está determinado por el número de calorías que consume a lo
largo de un día, menos el número de calorías que se pierden durante cada actividad, ya
sea física o intelectual (¡Sí! pensar quema calorías). La ecuación es bastante básica: si el
consumo de calorías excede la “salida” de calorías, ganas peso. Si por el contrario, comes
menos de las que gastas, adelgazas. Así reduces el riesgo de complicaciones si eres
diabético y previenes la aparición de la diabetes tipo 2 si aún no la has desarrollado pero
tienes propensión genética.
Una buena forma de disminuir el número de calorías que ingieres es comerte la mitad o
dos tercios de lo que hay en tu plato y guardar las sobras para más tarde. Es importante
que consultes con un nutricionista calificado, pues las necesidades calóricas de cada
persona son diferentes.
La dieta ideal para un diabético estaría compuesta de la siguiente manera. Del consumo
de calorías total de 24 horas:
• 50 a 60% debe provenir de carbohidratos (granos integrales, frutas y vegetales)
• 25 a 30% debe provenir de grasas (obviamente eligiendo las grasas más sanas
como la del aguacate y el aceite de oliva)
• 10-20% debe de provenir de proteínas (leche baja en grasa o desgrasada, otros
productos lácteos bajos en grasa o desgrasados, carne magra, aves, pescados, clara
de huevo, frijoles, nueces y semillas)
Carbohidratos: A lo largo de los años, se han ganado mala fama porque para muchos
son los culpables de la obesidad que abunda en Estados Unidos. Tal vez sea porque los
carbohidratos elevan los niveles de glucosa en la sangre. Sin embargo, antes de
eliminarlos de tu dieta, yo salgo en su defensa. Simplemente hay que saberlos elegir y
aprender a comerlos en cantidades moderadas.
En la pirámide nutricional, los carbohidratos aparecen en el primer piso, el más
importante de todos. Son indispensables para obtener la energía que necesita el cuerpo
para que todo funcione correctamente. Los carbohidratos abarcan un grupo de alimentos
que incluyen azúcares, almidones y fibra. Son ellos los que se convierten en glucosa una
vez que los digerimos, la cual es la principal fuente de energía que usan nuestras células
para poder cumplir con la tarea que tienen asignada en nuestro organismo.
Se pueden clasificar como simples, dobles o complejos dependiendo de su estructura
química. Esta clasificación refleja la velocidad a la que son absorbidos por el cuerpo. Los
simples tienen una dosis de azúcar, los dobles, dos azúcares y los complejos tienen tres o
más.
Simples: fructuosa (frutas) y galactosa (productos lácteos). También se pueden encontrar
en los productos de azúcares refinados o procesados como los dulces, el azúcar de mesa y
las bebidas gaseosas o sodas. Estos azúcares no son recomendables para la dieta pues
suman calorías pero no aportan un valor nutritivo, es decir, son “calorías vacías” y
contribuyen al aumento de peso.
Dobles: lactosa (productos lácteos), maltosa (ciertas verduras y cerveza) y sacarosa
(azúcar de mesa). La miel también es un azúcar doble.
Complejos: también se les conoce como alimentos ricos en almidón e incluyen panes y
cereales integrales, vegetales ricos en fibra (espárragos, alcachofas, zanahorias, brócoli y
espinaca entre otros) verduras ricas en almidón (calabaza, jícama, papa y batata) y
leguminosos (frijoles, lentejas y garbanzos). Nuestro cuerpo tarda más en convertirlos en
glucosa. Esto significa que el páncreas no se tiene que esforzar tanto por producir grandes
cantidades de insulina, sino que la va liberando poco a poco. Esa es la razón por la cual
son más beneficiosos para todos y aún más para los diabéticos.
Debido a que los carbohidratos son la principal causa del aumento en el nivel del azúcar
en la sangre que se produce inmediatamente después de comer, las personas con diabetes
tipo 1 recurren al conteo de carbohidratos para que la cantidad de insulina que se inyectan
sea igual a la cantidad de carbohidratos que han comido. Por lo general una porción de
carbohidratos equivale a 15 gramos.
Proteínas. Son necesarias para el buen funcionamiento del organismo, para regenerarlo y
mantenerlo. Están presentes en todos nuestros músculos, en nuestros órganos y en
nuestras glándulas. ¿Sabías que la insulina es una proteína? O que la hemoglobina que es
la encargada de transportar el oxígeno en la sangre ¿también lo es? ¿Que necesitamos
proteínas para contraer los músculos o para coagular la sangre? Y se necesitan proteínas
para formar los músculos. Estos son sólo ejemplos de algunas de sus funciones.
La elección de las proteínas es clave en la dieta de un diabético. Idealmente se deben
elegir las que son bajas en grasa. Las mejores proteínas son:
• La carne blanca de las aves, el atún en agua, la leche y el queso cottage
desgrasados.
Otras que son buenas por su bajo contenido en grasa son:
• Carne de res y de cerdo magra (sin grasa), sardinas, salmón, atún en aceite, queso
bajo en grasa como el queso fresco, de hoja, panela, Oaxaca, queso blanco y
requesón.
Las no tan buenas incluyen:
• Pescado y pollo frito, carne de res y cerdo con grasa y quesos con más de 5
gramos de grasa como el mozzarella y feta.
Y las más perjudiciales son:
• Tocino, carnitas, machaca, menudo, carnes frías procesadas (fiambre o
embutidos) y quesos como el cheddar, cotija, provolone, americano, queso azul,
camembert y chihuahua.
Grasas. Una dieta baja en grasas para las personas con diabetes (y en realidad también
para los no diabéticos), no significa sin grasas. Estas son necesarias para la salud del
organismo pues son una reserva energética increíble (9 kilocalorías por gramo),
transportan las proteínas dentro del cuerpo y recubren las membranas celulares y la
mielina de los nervios. En pocas palabras, se encuentran en todos los órganos del cuerpo,
así que no puedes borrarlas de tu vida así porque sí. Para entender cuáles son mejores
para ti, vamos paso por paso.
Hay dos tipos de grasas principales, las saturadas y las insaturadas. Las primeras son
de origen animal y aumentan los niveles de LDL, o el “colesterol malo”. Se encuentran
en alimentos como el queso curado, los derivados del cerdo, el tocino, los postres y los
pasteles, la leche entera, la mantequilla, la yema de huevo, los embutidos y las vísceras.
Las segundas, son de origen vegetal ( con algunas excepciones, como el coco) y el cuerpo
las absorbe mejor. Además, aumentan el HDL o “colesterol bueno” que es juega un papel
importantísimo a la hora de prevenir enfermedades del corazón. Las encontramos en
aceites vegetales, frutos frescos, leguminosas, pescados azules, etc. Se recomienda que
los diabéticos consuman este tipo de grasas, así que buena idea es hacer una lista de
alimentos en función de las grasas que los componen.
Por ejemplo, el pescado siempre va a ser mejor que la carne. Los pescados
recomendables para los diabéticos son los de menos contenido graso como el lenguado, la
merluza o la pescadilla. Si existen dudas sobre los beneficios de algún tipo de pescado,
consulta con tu médico para que te indique si debes o no comerlos. Y, un consejo en
cuanto a la preparación: idealmente al horno o a la plancha con poco aceite.
En cuanto a la carne, un diabético debe seleccionar de preferencia pollo en vez de carne
de res, y cocinarlo a la plancha o a la parrilla. Del pollo, la mejor parte es la pechuga sin
piel para sacarle la grasa. La carne de res magra también puede comerse pero no en
exceso. El cerdo, el cordero y los embutidos en general no son aconsejables. No digo que
nunca los comas, pero que sea para ocasiones especiales.
De estos dos grupos principales de grasas se desprenden las monoinsaturadas y las
poliinsaturadas. Las primeras, como el aceite de oliva, son excelentes en la dieta de un
diabéticos, pues protegen al corazón. En el segundo grupo están los ácidos omega 3 y
omega 6 que también son saludables (mejor los omega 3 que se encuentran en los
pescados) y las grasas hidrogenadas, que no se recomiendan, y menos para los
diabéticos. En esta categoría caben los aceites que se han endurecido, como la margarina
y la mantequilla sólidas. Los que tienen la etiqueta de “parcialmente hidrogenados” son
aquellos que fueron endurecidos sólo en parte.
Las grasas trans, que son las más perjudiciales, se forman cuando los aceites vegetales
se someten a lo que se conoce como proceso de hidrogenación, que altera su estructura
para prolongar su duración, endureciéndolos y acentuando su sabor. Estas grasas son muy
dañinas porque suben los niveles de colesterol “malo” y bajan los de colesterol “bueno”.
Se encuentran en los alimentos fritos, en los productos comerciales horneados como
bizcochos y galletas, en todos los alimentos procesados y en las margarinas. Así que
despídete de las papas fritas, la cajeta, los buñuelos y churros, las tortas, el flan y las
galletitas. Sólo puedes comerlas ocasionalmente porque empeoran la diabetes, aumentan
el riesgo de enfermedades cardiovasculares y contribuyen a la obesidad.
En los Estados Unidos, el reto para un diabético es comer saludablemente en un país en el
que la dieta de la mayoría de la población está compuesta por un 36% de grasas. Sin duda
este es un factor determinante en los altos niveles de obesidad del país. En contraste, la
alimentación tradicional de la dieta latina es bastante sana. En nuestros países de origen,
la mayoría de los carbohidratos se obtienen de manera orgánica, lo cual no pasa tanto en
Estados Unidos. Esa es la causa por la cual los inmigrantes hispanos se encuentran entre
los grupos más afectados por la alimentación en este país en el que abundan las comidas
rápidas que están llenas de carbohidratos simples y de las famosas “calorías vacías” que
no hacen nada más que llenarte sin proporcionar vitaminas, proteínas, minerales, etc.
¿Y qué hay del alcohol? Las bebidas alcohólicas agregan calorías que no aportan a la
nutrición. En el caso de personas con diabetes, si tomas una copa, debes considerarla
dentro del conteo de calorías. Algo que debes tomar en cuenta es que si decides tomarte
una copa de vino, siempre debes comer primero. El beber alcohol sin comer puede hacer
que se baje tu nivel de azúcar en la sangre.
Nota: La dosis máxima de alcohol para una mujer es una copa al día. Y para un hombre,
dos. Y siempre consulta con tu médico si tomas medicinas o suplementos.
¡Toma Agua! Nuestro cuerpo está hecho de agua. Para ser exactos, dos terceras partes de
él están constituidas por este preciado líquido que es un actor principal en todos los
procesos fisiológicos como la digestión, la absorción y la eliminación de desechos del
cuerpo. Además es esencial para el funcionamiento del sistema circulatorio. Transporta
los nutrientes, los químicos y actúa directamente sobre la conservación de la temperatura
corporal. La pérdida de un 20% de agua puede causar la muerte.
¿Cuánta agua debes tomar? Eso depende del tamaño y la composición de tu cuerpo, de
cuánta actividad hagas y de la humedad del lugar donde vives. Además, también depende
de la cantidad de calorías que necesitas. Por ejemplo, para una persona que necesita
consumir 2,000 calorías, la cantidad de agua necesaria sería de 2,000 a 3,000 mililitros de
agua que se traducen en 8. Pero de esa cantidad, es posible que 2 a 3 vasos de agua
provengan de los alimentos como las frutas y las verduras que contienen grandes
cantidades de agua.
Y recuerda que el agua no tiene calorías, puedes beber lo que desees. Escucha a tu
cuerpo, bebe siempre que tengas sed y recuerda que en la tercera edad el mecanismo de la
sed ya no es muy preciso, así que si no tienes sed, acuérdate de tomar agua,
especialmente si hace calor o si haces ejercicio.
Cómo calcular las calorías que necesitas
Para saber cuántas calorías necesitas, primero que todo, debes averiguar si estás dentro
de tu peso normal o si estás pasado de libras. Esto determina si debes cortar calorías de tu
dieta para perder peso. Recuerda que la diabetes está estrechamente ligada a las libras de
más. La manera más fácil es calculando tu Índice de Masa Corporal (IMC o en inglés,
Body Mass Index-BMI), es decir, tu peso en relación con tu altura. Se calcula dividiendo
tu peso por tu estatura (ya sea que uses kilos/metros o libras/pies).
El resultado te indicará en qué categoría te ubicas:
• Entre 18.5 y 25 indica un peso normal
• Entre 25 y 30 indica que estás en sobrepeso
• Entre 30 y 35 indica “obesidad”
• Por arriba de 40 se considera “obesidad mórbida”
• Por debajo de 18.5 se considera “desnutrido” o en riesgo de anorexia.
En general, para calcular el número promedio de calorías que necesitas, multiplica tu
peso por 10. Pero tu requerimiento podría ser un poco mayor o menor ya que las calorías
que cada persona necesita también dependen de su actividad física, y de su sexo. Las
mujeres necesitan menos calorías que un hombre para mantener un peso estable y sano.
Puedes consultar con tu médico o con tu equipo de salud para que te indique exactamente
en tu caso particular.
Recuerda que para los diabéticos, especialmente tipo 2, estar cerca de “tu peso ideal” o en
un peso saludable es crucial.
Recetas sanas de nuestra cocina
La cocina tradicional hispana es muy saludable. Es bueno que recuperes las costumbres
culinarias que has ido perdiendo poco a poco cuando llegaste a este país. Aprovecha las
tradiciones sanas de nuestra cocina y descubre que vivir con diabetes también significa
comer muy rico.
Las abuelitas y las mamás siempre tienen razón cuando dicen que es mejor cocinar que
comer cosas que ya vienen listas. Sobretodo cuando se trata de disfrutar los platillos
deliciosos de la cocina de nuestros países. Es hora de dejar a un lado la idea de que por el
hecho de tener diabetes, no puedes disfrutar de las delicias de la cocina. Lo más
importante es que te las elabores con ingredientes frescos, y deliciosos.
Con estas recetas exquisitas, vas a darte cuenta de que puedes alimentarte sanamente para
controlar tu diabetes y de paso, vas a chuparte los dedos. ¡Disfrútalas!
Sopa de tortilla
Ingredientes:
14 ½ onzas de caldo de pollo
14 ½ onzas de caldo de carne
1 taza de cebolla picada
1 taza de salsa
½ cucharadita de comino
2 cucharadas de aceite de canola
4 tortillas de maíz cortadas en tiras de 1/8’’
4 onzas de queso Monterrey Jack bajo en grasa
Preparación:
En una cacerola grande, mezclar los caldos de carne y pollo, la cebolla, la salsa y el
comino. Mantenerlo a fuego medio. Una vez que hierva, reducir el fuego a bajo, tapar y
dejar por 20 minutos. Mientras tanto, en una sartén mediana, calentar el aceite a fuego
medio. Saltear las tiras de tortilla durante 2 o 3 minutos hasta que se doren un poco en los
dos lados. Luego, escurrirlas en papel de cocina.
Cuando ya esté lista, sírvala en platos de sopa y rocíe con las tiras de tortilla y el queso.
Servir inmediatamente.
Porciones: 6
Tiempo de preparación: 30 minutos
Calorías: 172
Proteína: 9 gramos
Carbohidratos: 13 gramos
Grasa: 10 gramos
Grasa saturada: 3 gramos
Colesterol: 12 miligramos
Sodio: 670 miligramos
Potasio: 225 miligramos
Fibra: 2 gramos
Intercambio: 1 pan, 1 carne con grasa media
Dip de guacamole y brócoli
Ingredientes:
1 taza de brócoli cocinado
1 taza de alverjas cocidas o congeladas
1 aguacate mediano (aproximadamente de 8 onzas), pelado y con la pepa
1 taza de tomate cortado en cubos
½ taza de cebolla roja, finamente picada
1 cebolla verde (o larga) finamente picada
1 jalapeño con semilla, finamente picado
3 dientes de ajo triturado
¼ taza de cilantro fresco y picado
6 cucharadas de jugo de limón fresco
1 cucharadita de sal
Preparación:
En una cacerola pequeña, cocinar el brócoli en agua hirviendo por 10 minutos hasta que
se ablande. Agregar las alverjas y cocinar por 3 minutos más. Escurrir y dejar enfriar. En
un procesador o licuadora, mezclar el brócoli, las alverjas y el aguacate hasta que quede
una masa blanda. Llevar la mezcla a un recipiente, agregar el tomate, la cebolla roja, la
cebolla verde (larga), el jalapeño, el ajo y el cilantro y sazonarlo a gusto con jugo de
limón y sal.
Mezclar bien y servir, o cubrir y refrigerar hasta por 2 horas.
Porciones: Alcanza para 2 tazas y media.
Tiempo de preparación: 25- 30 minutos
Tiempo de cocción: 13 minutos
Calorías: 113
Proteínas: 4 gramos
Carbohidratos: 15 gramos
Grasa: 6 gramos
Grasa saturada: 1 gramo
Colesterol: 0 miligramos
Sodio: 276 miligramos
Potasio: 461 miligramos
Fibra: 6 gramos
Intercambios: 3 vegetales, una grasa
Ejercicio para personas con diabetes
La nutrición adecuada, una rutina de ejercicios y medicina, si se necesita, son las 3
formas de combatir los efectos negativos de la diabetes. Si te gusta el sofá demasiado,
despídete, porque lo que va a beneficiarte, es moverte.
Los beneficios del ejercicio no se pueden negar. Para verte mejor, para liberarte del
estrés, para subir tu autoestima, e incluso para tener mejores relaciones sexuales. Todos
tienen que ver con un concepto integral de salud. Así que si eres diabético, busca la razón
que más te convenza, pero hazlo. Los resultados del ejercicio físico en tu cuerpo son tan
buenos, que hasta pueden llegar a reemplazar los medicamentos, si es que te los han
recetado. El mantenerte activo previene las complicaciones cardiovasculares que vienen
con la diabetes, además, te ayuda a mantener tu peso estable (o a bajar si lo necesitas) y a
mantener los niveles de glucosa en la sangre dentro de los parámetros normales.
Estos son algunos beneficios del ejercicio para los diabéticos tipo 2 (y claro, para los
diabéticos tipo 1 y en general, para todas las personas):
• Te ayuda a quemar la grasa que te sobra, lo cual contribuye a controlar tu peso y a
mejorar la sensibilidad de las células a la insulina.
• Baja la presión arterial
• Mejora la circulación de la sangre y reduce el riesgo de sufrir enfermedades del
corazón
• Mejora el tono y la fuerza de los músculos
• Disminuye los niveles de colesterol “malo” y aumenta los de colesterol “bueno”
• Para los diabéticos tipo 1, contribuye a reducir la dosis de insulina, siempre y
cuando la actividad física sea regular
• Eleva tu estado de ánimo y tus niveles de energía
• Reduce la tensión, el estrés y la ansiedad
Como puedes darte cuenta, el ejercicio es positivo en todos sentidos. Así que no hay
excusa para no empezar. Vas a sentirte mejor en todos los niveles de tu vida. Te lo
garantizo.
¿Cómo afecta el ejercicio los niveles de glucosa en la sangre?
Esta es una de las preguntas más frecuentes que se plantean las personas con diabetes.
Veamos qué sucede cuando haces ejercicio.
Cuando empiezas a moverte a un ritmo determinado, los músculos de tu cuerpo
aumentan el consumo de combustible (es decir, de glucosa). Durante la primera media
hora de ejercicio, los músculos recurren a la glucosa almacenada en los depósitos de
glucógeno. Una vez que esta reserva se agota, los músculos tienen que recurrir a la
glucosa en la sangre para poder funcionar. De inmediato, el hígado empieza a producir
glucosa y establece un suministro continuo hacia la sangre y de la sangre al músculo. Si
el ejercicio se prolonga por más tiempo, los músculos obtienen su combustible de las
grasas.
Cuando haces un ejercicio prolongado como por ejemplo ciclismo, correr o natación, el
organismo disminuye la secreción de insulina. Esto estimula la producción de glucosa por
parte del hígado a la sangre y por consiguiente, la utilización de este azúcar por el
músculo. Es decir, que esto baja el nivel de glucosa en la sangre.
Sin embargo, cuando haces ejercicio intenso, puede ser que la glucosa en la sangre
aumente. Esto puede afectar a las personas con diabetes en particular. Lo que sucede es
que el cuerpo cree que el ejercicio intenso es estrés y libera las hormonas propias del
estrés, lo cual es un mecanismo para aumentar el nivel de azúcar en la sangre para que los
músculos puedan usarla para reaccionar. Si esto te sucede, es posible que necesites un
poco de insulina luego del ejercicio. Yo te recomiendo que si es tu caso, tomes nota y
consultes con tu médico si tus niveles de glucosa se suben demasiado. En ese caso, debes
suspender el ejercicio.
Recuerda que lo ideal es mantener la glucosa en niveles lo más cerca de lo normal, así
que monitorea tu sangre antes y después del ejercicio para tomar nota de si se baja o se
sube demasiado y consultarlo con el especialista.
Un consejo: Toma agua antes, durante y después del ejercicio. Si tienes propensión a
sufrir de hipoglicemia (que se baja la glucosa en la sangre por debajo de 70 mgs./dl.), en
lugar de comer muchos bocaditos, habla con tu equipo médico para que te asesore acerca
de cómo reducir tu dosis de insulina y siempre ten a la mano un dulce o acceso a jugo de
naranja o algo de comer, en caso de que lo necesites.
¿Cuál es el mejor ejercicio para los diabéticos?
¡Cualquiera! En Vida y Salud te sugerimos algunas actividades para que hagas del
ejercicio parte de tu rutina.
¿Te gustan los deportes competitivos? ¿prefieres hacer ejercicio solo o acompañado? ¿no
te gustan los gimnasios? ¿te gusta ejercitarte al aire libre? Cualquiera que sea la respuesta
a estas preguntas que te ayudarán a determinar la actividad física que más te gusta, lo más
importante es que sea cual sea la actividad elijas, te mantengas constante para que puedas
ver los efectos que tiene sobre tu diabetes. Busca una actividad que disfrutes y sea
sinónimo de pasarla bien. Hoy en día hay miles de ofertas en los gimnasios, y por
supuesto siempre quedan otras que podemos elegir sin necesidad de pagar. Hay
ejercicios como trotar, caminar, jugar fútbol subir la montaña, patinar y montar bicicleta
que se pueden hacer al aire libre. Un ejercicio aeróbico excelente y que forma parte de
nuestra cultura latina, también es una buena idea para los diabéticos que no son muy
amigos del ejercicio: me refiero a bailar. Es tan divertido que puedes lograr tu cometido
de hacer ejercicio pasándola bien y casi sin darte cuenta. Si bailas 20 minutos de disco o
salsa puedes quemar 114 calorías. Si haces ballet, puedes quemar hasta 125 y si te gusta
bailar suavecito, vas a quemar alrededor de 62 calorías. Estos números fueron calculados
para una mujer de 130 libras, así que dependiendo de si pesas más o menos, estos
números pueden ser diferentes.
El caminar una o media hora al día, es un excelente ejercicio para los principiantes.
Nadar es también un buen comienzo para las personas con sobrepeso, ya que es una
actividad que no tiene impacto en las articulaciones e involucra a un gran porcentaje de
los músculos del cuerpo. Además, puedes disfrutar el efecto del agua, que es siempre
tranquilizador y relajante.
El levantar pesas también es de mucho beneficio para las personas con diabetes. Un
estudio recientemente realizado por la Asociación Americana de la Diabetes en hombres
y mujeres hispanos, encontró que después de 16 semanas de hacer ejercicios con pesas, se
produjeron mejoras significativas en el nivel de glucosa en la sangre, tanto así, que son
comparables a los logrados por ciertos medicamentos. Esto sin contar que además ayuda
a mantener o crear una masa muscular óptima y a subir la autoestima.
He aquí otros consejos que pueden ayudarte a elegir la actividad que más se adapte a tu
personalidad y necesidades:
• Para fortalecer tu sistema cardiovascular: tenis, fútbol, básquetbol, bailar y
bicicleta
• Para tener más resistencia muscular: gimnasia, nadar, remar, básquetbol
• Para fortalecer tu cuerpo: levantar pesas, pilates, escalar, gimnasia
• Para aumentar tu flexibilidad: fútbol, yoga, karate, pilates, surfing
• Para eliminar grasas: correr, bicicleta, esquí, tenis y fútbol.
¿Qué esperas para empezar a hacer ejercicio? Ese cuerpo que tienes lleno de músculos
fue diseñado para moverse. No lo desperdicies… y la próxima vez que te de pereza
levantarte de la cama o del sofá, piensa que le estás dando el mejor regalo a tu salud, y
por consiguiente, a ti mismo.
Una nota de precaución, si has estado sedentario durante mucho tiempo, antes de
empezar un ejercicio vigoroso, consulta con tu médico y asegúrate que no hay ninguna
contraindicación. Y, si no has hecho ejercicio durante mucho tiempo, empieza poco a
poco para que no estés muy adolorido. Verás como pronto empezarás a disfrutarlo y
¡hasta lo extrañarás si no lo haces!
6. Exámenes para mantener la diabetes bajo control
Además de la dieta, el ejercicio y los posibles medicamentos que tu médico te recete, hay
una serie de exámenes que debes realizarte para estar sano con diabetes. En Vida y
Salud te explicamos de qué se tratan.
Seguramente habrás oído muchas veces que te dicen que es necesario “controlar” la
diabetes sin saber en realidad qué significa ese control. En resumidas cuentas, vivir una
vida normal con diabetes, significa que mantengas los niveles de azúcar o glucosa en tu
sangre dentro de los parámetros saludables (lo normal es entre 70 y 100 mgs./dl en
ayunas. Estar controlado quiere decir tenerla entre 70 y 120 en ayudas, o mínimo, en
menos de 140 mg/dl). Tu médico te podría pedir que te cheques tu sangre 2 horas después
de comer también. Ya hablamos anteriormente de la A1C.
El tener niveles bajos o altos de azúcar en tu sangre puede causarte que te sientas enfermo
y que en el futuro surjan problemas graves de salud. La buena noticia, es que por tener
diabetes en la época actual tienes al alcance de la mano mucha tecnología muy avanzada
que puede ayudarte a controlar de forma efectiva la diabetes. Hoy en día, vivir con
diabetes es mucho mejor que hace cincuenta años, cuando no existían los productos,
tratamientos e investigaciones en curso que tienes a tu disposición, no sólo para mantener
a raya a la enfermedad, sino para vivir de maravilla. De alguna manera, debes sentirte
afortunado.
Pero, ¿cuáles son los exámenes que necesarios para mantenerse sano con diabetes? A
continuación te ofrezco una lista de los exámenes que debes hacerte como el estándar
mínimo para lograr un cuidado apropiado de la diabetes. Ten muy presente que hacerte
estos chequeos con regularidad les dará a ti y a tu médico la oportunidad de actuar si se
encuentra alguna anormalidad. Se me ocurre que puedes usar esta tabla como modelo
para llevar una especie de diario de los estudios que te realizas junto con los resultados.
Así puedes visualizar tu progreso o las áreas en las que necesitas trabajar para estar mejor
o para que hables de tus inquietudes con tu médico.
EXAMEN FRECUENCIA OBJETIVO LO
NORMAL
MI
RESULTADO
FECHA
Presión arterial Cada vez que
visites al
médico, al
menos 4 veces
al año.
Para chequear
la presión
arterial alta
(hipertensión)
que puede
causar ataques
cardíacos o
derrame
cerebral y dar
tratamiento, si
es necesario.
120/80
Examen de
retina dilatada
Por lo menos
una vez al año
Para verificar
que tus ojos no
tengan
cambios
causados por la
diabetes que
pueden causar
ceguera
Ojo que no
presenta
cambios
Examen de los
pies
Cada vez que
vayas al doctor
Para chequear
la circulación y
si hay
infecciones
que puedan
causar daños
en los nervios
y la pérdida de
una pierna o un
pie.
Buena
circulación
y libre de
infecciones
en la piel o
las uñas.
Hemoglobina
A1c
Cada 3 o 4
meses
Para chequear
la sangre.
Menos de
7.0
Colesterol Por lo menos
una vez al año
Para
determinar los
niveles del
colesterol total;
del LDL
(colesterol
malo) y HDL
(colesterol
bueno) y dar
tratamiento si
es necesario.
Colesterol
total menos
de 200;
LDL
menos de
100 o
menos de
70 si se
tiene alguna
enfermedad
cardiaca y
HDL más
de 50.
Triglicéridos
Por lo menos
una vez al año
Para
determinar el
nivel de los
triglicéridos y
Menos de
150
dar tratamiento
si es necesario.
Microalbúmina Por lo menos
una vez al año
Para examinar
la cantidad de
proteínas en la
orina y así
detectar
tempranamente
daños en el
riñón.
Negativo
7. Complicaciones de la diabetes
Si no te haces los exámenes de control, la diabetes puede, poco a poco, dañar muchos
órganos del cuerpo.
Tú eres la persona que más puede controlar el avance de la enfermedad. Eso es lo bueno
de la diabetes. Tú tienes el poder de evitar que los niveles elevados de glucosa en la
sangre terminen por dañar tus órganos vitales. Las complicaciones de la diabetes pueden
ser bastante graves, y por lo general no se manifiestan hasta cuando ya puede ser tarde
para tratarlas. Tener el azúcar alta termina por dañar los vasos sanguíneos y los nervios,
que como sabes, están en todo el cuerpo. De ahí la importancia de que sigas un plan de
alimentación, de que hagas ejercicio, tomes tus medicinas, controles tu dosis de insulina,
y te asesores por un equipo médico que esté atento a cualquier cambio en tu salud.
Pero ¿cuáles son los órganos que puede dañar la diabetes cuando no se controla? Nada
más y nada menos que el corazón y los vasos sanguíneos, los riñones, los nervios, los
ojos, las encías y los dientes.
Corazón y vasos sanguíneos: esta es la complicación más común. La mayoría de las
muertes relacionadas con diabetes, se deben a enfermedades cardiovasculares y
apoplejías o accidentes cerebrales. Además la diabetes también puede causar daño arterial
periférico, lo que hace que disminuya la circulación de la sangre a las piernas y a los pies.
Nervios: Los niveles altos de glucosa en la sangre, pueden también dañar los nervios a
largo plazo. Esto lleva a que pierdas la sensibilidad en los pies. Por lo general, también
puede causar dolor o sensación de ardor que comienza en los dedos. De ahí que siendo
diabético debas prestar especial atención a tus pies y cuidarlos de que no se hagan
heridas. De la misma manera, los daños de los nervios causados por la diabetes pueden
provocar problemas con la digestión y el desempeño sexual (disfunción eréctil,
principalmente), así como dolor en las piernas, brazos y manos.
Ojos: las enfermedades de los ojos causadas por la diabetes, incluyen glaucoma, cataratas
y retinopatía diabética. La mayoría de estas enfermedades lleva a la ceguera si no se
detectan a tiempo. La diabetes es la principal causa de ceguera en los Estados Unidos.
Riñones: se conoce como nefropatía diabética a la falla de los riñones causadas por la
diabetes. Todo parece indicar que los niveles altos de glucosa en la sangre y la presión
arterial alta, provocan daños en el funcionamiento de los riñones. La nefropatía diabética
en su etapa inicial no presenta síntomas. Sin embargo, con el tiempo, la capacidad del
riñón para funcionar comienza a disminuir.
Dientes y encías: las personas con diabetes tienen un riesgo alto de desarrollar
enfermedades en las encías. La forma de prevenir esta complicación es cuidando la salud
oral con visitas frecuentes al dentista y manteniendo una higiene diaria total que incluya
cepillado y uso de hilo dental.
Como dije antes, la mejor manera de prevenir estas complicaciones o detener su avance,
es realizarse las pruebas de control indicadas para una persona con diabetes. Recuerda
que tú tienes el control de la enfermedad. ¡No dejes que te gane!

Papa, arroz, pan, pasta, frijoles, banano y bizcocho… el escuchar nombrar esos alimentos o verlos en tu plato cuando estás a dieta, es como si te nombraran a tu peor enemigo. ¿Realmente son tan malos los carbohidratos? Los nutricionistas y los dietistas expertos dicen que no. Entérate para que puedas incluirlos en tu dieta sin sentir que la estás traicionando.

Mito # 1. Los carbohidratos son las “harinas”.

Este es el primer mito que necesitas derrumbar, pues no es del todo cierto. Aunque es cierto que la mayoría de las harinas contienen carbohidratos, también se encuentra en los dulces, los granos (fríjoles, lentejas, maíz) y los cereales (como la avena). Pero además, también hay carbohidratos en ciertas verduras y ciertas frutas con alto contenido de almidones y fructosa (azúcar de las frutas) como la zanahoria, la manzana, el banano o guineo, entre otros. E incluso, la misma leche y los productos lácteos contienen carbohidratos.

¿Realmente pueden ser tan malos todos estos alimentos? Sigue leyendo para que te enteres.

Mito # 2. Los carbohidratos engordan.

¡No seas injusto! Cuando comes, tu cuerpo digiere los carbohidratos para obtener azúcar, su principal fuente de energía. Pero no creas que es lo mismo que el azúcar que endulza tu café. El azúcar del cuerpo se llama glucosa y es algo así como su combustible.

Evidentemente, los alimentos que proporcionan azúcar y calorías a tu cuerpo, deben comerse con precaución. Pero no es justo catalogar a todos los carbohidratos como alimentos que engordan o culparlos de nuestro sobrepeso. Los culpables somos nosotros mismos pues no sabemos cuáles comer, en qué cantidad y cómo.

En primer lugar, es importante diferenciar los carbohidratos “más saludables” de los “menos saludables”. En segundo lugar, si comes muchos carbohidratos pero mantienes una vida sedentaria, ¿qué crees que hará el cuerpo con la energía y las calorías extra? ¡Obviamente acumularlas! Y en tercer lugar, muchas veces no son los carbohidratos los que engordan, sino cómo los preparas y con qué los acompañas, como por ejemplo las papas fritas con catsup (ketchup) o el bizcocho con crema dulce encima.

Mito # 3. No hay carbohidratos saludables.

¡Falso! Lamentablemente los carbohidratos que más conocemos o que más acostumbramos comer, son los que menos beneficios traen, pues sólo brindan azúcar a tu cuerpo y carecen de fibra y otros nutrientes. Estos son los carbohidratos refinados, como la harina blanca o el arroz blanco, y el azúcar refinada con la que se preparan tantos postres.

Pero es posible elegir carbohidratos “saludables”. Estos son los carbohidratos que están compuestos principalmente de fibra, como los granos y los cereales integrales, los vegetales y las frutas. La fibra es excelente para la salud y además para tu dieta porque te da una sensación de saciedad que te evita comer en exceso. Además, los alimentos integrales así como las frutas y verduras están llenos de vitaminas y minerales muy beneficiosos para tu cuerpo.

Mito # 4. Si dejas de comer carbohidratos, adelgazas inmediatamente.

Esto puede ser verdad, pero no sucede exclusivamente con los carbohidratos. Cuando dejas de comer cualquier alimento rico en calorías con seguridad bajarás de peso. Lo mismo sucede con las dietas bajas en grasas o las dietas vegetarianas, por ejemplo.

Si sueles comer muchos carbohidratos habitualmente, al desaparecerlos por completo de tu dieta, tu cuerpo sentirá esa ausencia y empezará a buscar energía en otras fuentes de reserva que hay en tu cuerpo, como la grasa acumulada. Como resultado vas a perder peso. Pero… ¿a qué costo? El siguiente mito te ayudará a comprender los riesgos de dejar de comer carbohidratos.

Mito # 5. El dejar de comer carbohidratos es saludable.

Todo depende. En efecto, el comer carbohidratos en exceso, o comer únicamente carbohidratos refinados o procesados, no es saludable pues aumenta los niveles de azúcar en tu sangre más rápido que otros, y te brinda calorías de más que tu cuerpo no quema y que se acumulan haciéndote aumentar de peso.

Pero, el dejar de comer carbohidratos por completo tampoco lo es. Según el Instituto de Medicina, los carbohidratos deberían ser entre el 45% y el 60% de las calorías que comes a diario (entre 6 y 11 porciones), para cumplir con los requisitos nutricionales de tu cuerpo. Cuando dejas de recibir esa cantidad, a tu cuerpo le podrían faltar nutrientes y fibra que necesita para funcionar adecuadamente, especialmente por la limitación de frutas (que también son carbohidratos) y eso podría causarte problemas digestivos como estreñimiento.

Además, ¿sabías que los deportistas tienen una dieta basada en carbohidratos? ¡Sí! Muchos deportistas llevan una dieta alta en carbohidratos antes de una competencia de resistencia, pues éstos los llenan de la energía que necesitan para rendir al máximo. Si lo hacen los deportistas, debe ser porque no son tan malos como muchos piensan, ¿no crees?

Si tienes dudas sobre si debes o no comer frutas dulces por ser diabético o diabética, es hora de que las despejes. Lee esto antes de dejar de comer ese delicioso mango solamente por tus sospechas de que puede ser perjudicial para el control de tu diabetes.

Tener diabetes por lo general se asocia con que no debes comer cosas que sean “muy dulces”. Por eso, he tenido pacientes que han llegado a preguntarme si deben dejar de comer un mango o una manzana porque les han dicho que su contenido de azúcar no es bueno para los diabéticos.  Esto es un mito, o una leyenda, o en pocas palabras, algo que no tiene evidencia científica.

¿Quieres saber por qué? Si bien es cierto que algunas frutas contienen mucha más azúcar que otras (fructuosa), eso no las descalifica para que tu puedas disfrutarlas porque tienes diabetes. ¿No es esa una buena noticia? Resulta ser que estudios científicos han demostrado que la cantidad total de carbohidratos que consumes afecta los niveles de glucosa en la sangre mucho más que otros factores como de dónde obtienes tus carbohidratos o si esa fuente es una harina o un azúcar. Es decir, al final, importa más el total de carbohidratos que consumes, que si los carbohidratos provienen de una manzana, un pan o un plato de espaguetis (desde luego que siempre los granos integrales son más saludables). Obviamente el tamaño de la porción es importante y no estamos hablando de comida chatarra.

Para poder disfrutar de las frutas sin estresarte porque estás afectando tus niveles de glucosa en sangre de manera descontrolada, es ideal saber que una porción de frutas ideal para los diabéticos debe contener solamente 15 gramos de carbohidratos.  Así que la ecuación es simple: si comes una fruta baja en carbohidratos, vas a poder comer una porción más grande. En cambio, una fruta con alto contenido de hidratos de carbono reúne esos 15 gramos en una porción más pequeña.

El dilema entonces no gira alrededor de cuál fruta vas a comer, sino de tratar de que la porción no exceda los 15 gramos para que tenga exactamente un efecto similar en tu nivel de glucosa en la sangre.

Pero, ¿cómo saberlo? Parece demasiado matemática sólo para disfrutar de una rica fruta. Así que aquí te damos una guía para que puedas empezar a aplicarlo a tu dieta diaria de una manera segura para tu diabetes.

Las porciones de fruta que contienen 15 gramos de carbohidratos, ideales para los diabéticos son:

  • ½ banana (plátano)
  • ½ taza de mango picado
  • 1 ¼ taza de sandía
  • 1 ¼ taza de fresas

Si tienes más dudas al respecto, puedes consultar con tu médico y/o con tu nutricionista. Así sabrás con mayor precisión cuáles son las frutas que puedes disfrutar para no alterar el control de tu diabetes

El tener diabetes no significa que automáticamente sufras de depresión. Sin embargo, está comprobado que las personas diabéticas están más predispuestas a sentirse deprimidas que quienes no padecen de diabetes. ¿Por qué? Aquí te contamos las posibles causas.

Luego de que te diagnostican diabetes, sientes que el mundo se te viene encima con todos sus cambios: ejercicio, dieta, exámenes médicos. Sientes que debes controlar cada aspecto de tu vida: lo que comes, a qué horas, en qué cantidad, el ejercicio que haces, cómo viajas, qué debes hacer cuando sales a cenar afuera, etc. Además, ahora que eres diabético tienes que establecer una relación muy cercana con tu médico y debes marcar en tu calendario las fechas para tus visitas de control. Las palabras glucosa, sangre, azúcar, dieta, carbohidratos, complicaciones, peso, rondan todo el tiempo en tu cabeza. Además de todo, te estarás preguntando “¿por qué yo?” Definitivamente, el tener diabetes no es algo fácil de asimilar.

Sin embargo, recuerda que el shock del diagnóstico, es normal. Luego, cuando te informas y entiendes de qué se trata el tener diabetes y el papel tan importante que juegas tú en controlarla, vas a sentirte más aliviado o aliviada. Pero esto no quita que haya factores que incrementen tu riesgo de sufrir de depresión. ¿Qué relación hay entre la diabetes y la depresión? Aún no hay estudios que la definan a ciencia cierta, pero sí hay maneras de entender por qué te sientes triste:

  • El manejo diario de la diabetes puede estresarte (lo que comes, a qué hora, el medir los niveles de glucosa, la necesidad de bajar de peso, el tener que estar visitando al médico, etc.)
  • La diabetes, cuando no se controla cuidadosamente, causa complicaciones que pueden generar tensión y disparar los síntomas de la depresión.
  • La depresión puede causar que tomes decisiones que no son buenas para tu diabetes como llevar una dieta poco saludable, hacer menos ejercicio, subir de peso, fumar… todos estos son factores que incrementan el riesgo de complicaciones de la diabetes.
  • Si estás deprimido o deprimida, pierdes la habilidad de comunicarte y pensar con claridad. Esto puede interferir en tu manejo de la enfermedad.

Como ves, la diabetes y la depresión no son una buena combinación. Pero lo bueno, es que hay solución. Los cambios en tu estilo de vida, así como los medicamentos pueden beneficiarte para tratar las dos condiciones. ¿Has escuchado que el ejercicio es bueno para el estado de ánimo? ¡Así es! Esto hace que ejercitarte sea ideal para combatir tanto la diabetes como la depresión.

Si tienes diabetes o alguno de tus seres queridos es diabético, abre bien los ojos para identificar los síntomas de la depresión y para poder hablar con tu médico al respecto. Estos incluyen:

  • Pérdida de interés en las cosas que disfrutabas hacer anteriormente.
  • Te despiertas más temprano de lo normal y no puedes volverte a dormir (cambios en los patrones de sueño o problemas para conciliar el sueño).
  • Tristeza y desesperanza, en especial cuando te despiertas por la mañana.
  • Dificultad para concentrarte y tomar decisiones.
  • Cambios en el apetito que pueden llevar a una rápida pérdida o aumento de peso.
  • Sensación de cansancio todo el tiempo.
  • Dolores de cabeza y de espalda que no tienen explicación aparente.
  • Pensamientos suicidas.

Si notas estos síntomas, no permanezcas en silencio. Recuerda que puede haber causas físicas para tu depresión y que el mal manejo de la diabetes también afecta tu estado de ánimo. Durante el día, el aumento del azúcar en la sangre puede hacerte sentir cansado y ansioso. La glucosa baja puede darte mucha hambre y hace que comas en exceso. Durante la noche, si tienes la glucosa en niveles altos, puede que te levantes muchas veces para orinar y te sientas muy cansado al día siguiente.

¡Busca ayuda! La depresión y la diabetes no hacen una buena pareja, pero esto se puede solucionar si hablas con tu médico.

Los niveles bajos de azúcar en la sangre, conocidos como hipoglicemia, afectan a las personas que tienen diabetes. Cuando este “bajón” no se trata a tiempo puede traer consecuencias graves para tu salud. ¿Cómo puedes reconocer cuando tu azúcar se baja y qué debes hacer para estabilizarla? En Vida y Salud te contamos qué puedes hacer.

El diagnóstico de diabetes se asocia generalmente con niveles elevados de azúcar en la sangre. Pero lo cierto es que a las personas diabéticas la glucosa o azúcar les puede fluctuar a extremos muy bajos también. A esto se le conoce como “hipoglicemia o hipoglucemia diabética” y ocurre cuando hay demasiada insulina en tu sangre y no tanta azúcar o glucosa.

¿Cuál es la causa de que se bajen los niveles de la glucosa en la sangre? Puede ser que te hayas excedido en la dosis de insulina o de medicamentos, que no hayas comido suficiente, que hayas hecho ejercicio sin haber comido, que hayas tomado alcohol o que, por alguna circunstancia, te hayas saltado una comida.

Cuando la glucosa en la sangre se baja a niveles inferiores a 60 o70 mg/dl, aparecen síntomas ante los cuales debes estar muy atento, porque si no los tratas puedes caer en un coma diabético (alteración de la consciencia que pone en peligro tu vida), lo cual es considerado una emergencia médica.

¿Cuáles son los síntomas de la hipoglicemia diabética? A continuación te enseño una lista. Es importante que también tus seres queridos estén familiarizados con estas señales de alerta en caso de que tú no puedas tomar control de la situación:

  • Mareo
  • Temblores
  • Sudoración
  • Hambre
  • Irritabilidad
  • Ansiedad o nerviosismo
  • Pulso acelerado
  • Dolor de cabeza

Estos son los síntomas iniciales, pero existen otros más severos:

  • Debilidad muscular
  • Dificultad para hablar
  • Visión borrosa
  • Confusión
  • Somnolencia
  • Convulsiones
  • Pérdida de la consciencia

También existen síntomas de la hipoglicemia diabética que pueden presentarse durante la noche:

  • Sudoración excesiva
  • Pesadillas
  • Irritabilidad, sensación de cansancio y confusión al despertar.

Cuando los niveles de glucosa se bajan demasiado, debes tomar o comer algún carbohidrato (azúcar) tan pronto sientas los primeros síntomas. Si no tomas acción, tu glucosa puede bajar a niveles peligrosos (30-40 mg/dl).  Acá te menciono qué puedes hacer para que tu glucosa regrese a sus niveles normales nuevamente:

  • Come o bebe alimentos o bebidas que contengan al menos 15 gramos de carbohidratos. Un ejemplo de esto puede ser 4 onzas (~ 118 ml. Como medio vaso) de jugo de naranja, 3 galletas de soda, 1 cucharada de miel o 4 cucharaditas de azúcar.
  • Espera de 15 a 20 minutos y revisa tu nivel de glucosa en sangre. Si aún se encuentra debajo de los 70 mg/dl, vuelve  a comer un carbohidrato y repite la secuencia hasta que el azúcar en tu sangre supere los 70 mg/dl.
  • Si tu próxima comida es dentro de una hora o más, come un pedazo de queso con galletas o medio sándwich de alguna proteína –carne, pollo, pescado- con pan.

Cuando te hablo de comer carbohidratos, no digo que te excedas. Come la porción indicada porque si no, vas a hacer que tu nivel de azúcar en la sangre se suba demasiado, lo cual, también es perjudicial. El objetivo es alcanzar los niveles normales.

Mantén tus ojos bien abiertos ante las señales que te dicta tu cuerpo. No vas a querer que la diabetes se descontrole. Ahora que estás informado(a) puedes prevenir este tipo de episodios de hipoglicemia diabética. Y no te olvides de que tus seres queridos estén informados para que te puedan apoyar.

¿Qué es?

La cetoacidosis diabética es una complicación potencialmente mortal de la diabetes que ocurre cuando una persona tiene mucha menos insulina que la que el cuerpo necesita. Este problema hace que la sangre se vuelva ácida y el cuerpo se deshidrate de manera peligrosa. La cetoacidosis diabética puede presentarse cuando la diabetes no se trata de manera adecuada o cuando se está gravemente enfermo.

Para comprender esta enfermedad, usted necesita entender el modo en el que el cuerpo se proporciona energía a sí mismo con el azúcar y con otros combustibles. El cuerpo metaboliza (digiere, descompone) los alimentos que comemos y mucho de lo que ingerimos se convierte en glucosa (un tipo de azúcar), que ingresa al torrente sanguíneo (a la sangre). La insulina ayuda a la glucosa a pasar del torrente sanguíneo a las células, en donde se la utiliza para generar energía. Normalmente, el páncreas produce insulina, pero las personas con diabetes de tipo 1 (diabetes insulino-dependiente) no producen suficiente insulina y deben inyectársela a diario.

El cuerpo necesita una fuente constante de energía. Cuando usted tiene mucha  insulina, las células del cuerpo pueden obtener toda la energía que necesitan de la glucosa. Si no tiene suficiente insulina en la sangre, el hígado se programa para fabricar combustibles de emergencia. Estos combustibles, producidos de la grasa, se llaman cetonas (o cetoácidos). En un apuro, las cetonas pueden darle energía. Sin embargo, si el cuerpo depende durante mucho tiempo de las cetonas para obtener energía, usted pronto se enfermará. Las cetonas son químicos ácidos que son tóxicos en concentraciones elevadas.

En la cetoacidosis diabética, las cetonas se acumulan en la sangre, lo que altera seriamente la química normal de la sangre e interfiere con el funcionamiento de muchos órganos. Hacen que la sangre se vuelva ácida, lo que produce vómitos y dolor abdominal. Si el nivel de acidez de la sangre se vuelve extremo, la cetoacidosis puede hacer que la presión arterial baje, puede producir un coma y la muerte.

La cetoacidosis siempre está acompañada de deshidratación, lo que produce niveles elevados de glucosa en la sangre. La glucosa se acumula en la sangre si no hay suficiente insulina para hacer que la glucosa entre en las células. Durante un episodio de cetoacidosis, es común que el azúcar en la sangre se eleve a un nivel superior a 400 miligramos por decilitro. Cuando los niveles de azúcar en la sangre son tan altos, una pequeña cantidad de azúcar “inunda” la orina. Así como el azúcar es transportada por la orina, el agua, la sal y el potasio entran en la orina con cada molécula de azúcar y el cuerpo pierde grandes cantidades de líquido y electrolitos, que son minerales que desempeñan un papel crucial en el funcionamiento de las células. Al tiempo que esto sucede, usted produce mucha más orina de lo normal. Finalmente, es probable que para usted sea imposible beber suficiente líquido como para igualar las cantidades que orina. Los vómitos producidos por la acidez de la sangre también contribuyen a la pérdida de líquidos y a la deshidratación.

Las personas con diabetes de tipo 1 están en riesgo de padecer cetoacidosis diabética. Si tiene diabetes de tipo 1, puede tener cetoacidosis porque ha dejado de recibir las inyecciones de insulina o porque la dosis de insulina es demasiado baja. Puede ser provocada por una infección o por un estrés físico intenso, como una lesión o una cirugía, porque su cuerpo puede necesitar más insulina de la normal durante estos episodios de estrés. La cetoacidosis no ocurre a menudo en personas con diabetes de tipo 2. En la mayoría de las personas que tienen diabetes de tipo 2, los niveles de insulina en la sangre no descienden lo suficiente como para enviar al hígado la señal para producir cetonas.

En aproximadamente el 25% de los niños con diabetes, los síntomas de cetoacidosis son la primera señal de que tienen diabetes.

Síntomas

Los síntomas de la cetoacidosis diabética incluyen:

  • orinar frecuentemente
  • sed intensa
  • boca seca
  • piel fría
  • náuseas y vómitos con o sin dolor abdominal

A medida que los niveles de las cetonas en la sangre aumentan, el patrón de la respiración de la persona puede hacerse lenta y profunda, y su aliento puede tener un olor a frutas. La persona con cetoacidosis puede parecer cansada o confundida, o puede tener problemas para prestar atención. Sin un tratamiento rápido en el primer día de la aparición de los síntomas, la enfermedad puede producir presión arterial baja, pérdida del conocimiento, coma o la muerte.

Si tiene diabetes de tipo 1, es importante que mida sus niveles de glucosa en la sangre en su hogar con una máquina llamada glucómetro. También debe tener las tiras de papel para la prueba que pueden detectar las cetonas en la orina. Si la lectura de la glucosa en sangre es superior a los 300 miligramos por decilitro, debe hacer una prueba para detectar cetonas en la orina. Si la tira de la prueba de la orina demuestra una lectura “moderada” o “alta”, es posible que tenga cetoacidosis.

Diagnóstico

Las personas con cetoacidosis diabética se tratan siempre en un hospital. Su médico le hará análisis de sangre para ver los niveles de glucosa, cetonas y electrolitos, como el sodio y el potasio. Si ha estado usando insulina sin saltarse ninguna dosis, su médico querrá determinar si tiene una infección.

Duración

Los síntomas de la cetoacidosis diabética pueden desarrollarse en un período de pocas horas y el resultado del tratamiento es una recuperación rápida. Generalmente, las personas que desarrollan cetoacidosis permanecen hospitalizadas de uno a tres días.

Prevención

Si tiene diabetes tipo 1, generalmente puede prevenir la cetoacidosis diabética al seguir su régimen de insulina y una dieta recetada por su médico, y chequeándose su glucosa (azúcar) en la sangre regularmente. Si su cuerpo se estresa por una infección, la cetoacidosis puede aparecer en horas y es posible que usted no pueda evitarlo. Es importante que usted monitoree su azúcar en la sangre con más frecuencia durante una infección, para que pueda regular el tratamiento. También es importante que reconozca que los vómitos y el dolor abdominal pueden ser síntomas de cetoacidosis, así puede obtener ayuda médica rápidamente.

Para ayudar a asegurarse de que recibirá el tratamiento de emergencia apropiado para la cetoacidosis diabética si está lejos de su hogar, use un collar con identificación médica o una pulsera que lo identifique como diabético. Esto ayudará al personal de emergencias a reconocer su problema rápidamente si se encuentra entre personas extrañas y está demasiado enfermo como para hablar por sí mismo.

Tratamiento

Cuando esté en el hospital, tratarán su cetoacidosis diabética con insulina para disminuir el nivel de glucosa en la sangre. También recibirá una gran cantidad de líquidos intravenosos (a través de una vena). Medirán frecuentemente sus niveles de glucosa en sangre y de acidez, y recibirá suplementos de potasio para reestablecer el almacén de este mineral esencial en su cuerpo. Hasta que los análisis (exámenes) sanguíneos vuelvan a ser normales, seguirán sus signos vitales (temperatura, pulso, respiración y presión arterial) y diuresis (cantidad de orina). Si su episodio de cetoacidosis fue provocado por una infección, se usarán antibióticos u otros medicamentos para tratar la infección.

Cuándo llamar a un profesional

Si tiene diabetes tipo 1 y tiene una lectura del glucómetro de 300 miligramos por decilitro, debe chequear su orina para determinar si hay cetonas. Llame a su médico si hay niveles moderados o altos de cetonas, o si no ha hablado antes sobre cómo ajustar su dosis de insulina cuando el nivel de azúcar está alto. Su médico le dará recomendaciones más específicas acerca de cuándo y con cuánta frecuencia chequear la glucosa en sangre y la orina, y cuáles lecturas debe buscar. También llame a su médico siempre que tenga náuseas y vómitos y no entienda la causa, ya sea que tenga dolor abdominal o no lo tenga.

Pronóstico

Con tratamiento apropiado, más del 95 por ciento de los pacientes se recuperan de la cetoacidosis diabética.

¿Qué es?

La nefropatía diabética es una enfermedad renal (del riñón) que es una complicación de la diabetes. Pueden padecerla las personas con diabetes de tipo 2, el tipo de diabetes que es más común y cuya causa es la resistencia a la insulina. O las personas con diabetes de tipo 1, el tipo que más frecuentemente comienza a una edad temprana y que es el resultado de una producción reducida de insulina. El daño de los vasos sanguíneos más pequeños causa la nefropatía diabética. Cuando los vasos sanguíneos comienzan a dañarse, ambos riñones comienzan a filtrar (derramar) proteínas hacia de la orina. A medida que el daño en los vasos sanguíneos continúa, los riñones pierden gradualmente su capacidad para eliminar los productos de deshecho de la sangre.

Hasta el 40% de las personas con diabetes de tipo 1 eventualmente desarrollan enfermedad renal importante, que algunas veces requiere diálisis o un trasplante de riñón. Sólo entre el cuatro y el seis por ciento de todos los pacientes con diabetes de tipo 2 terminan necesitando diálisis, aunque entre el 20 y el 30% de las personas con diabetes de tipo 2 desarrollarán algo de daño renal. Aproximadamente el 40 por ciento de todas las personas que necesitan iniciar diálisis tienen una insuficiencia renal producida por diabetes de tipo 1 ó 2.

Síntomas

Generalmente, no hay síntomas en las primeras etapas de la nefropatía diabética. Cuando los síntomas comienzan a aparecer, pueden incluir inflamación (hinchazón) de los tobillos y cansancio leve. Los síntomas posteriores incluyen fatiga extrema, náuseas, vómitos y orinar menor de lo normal.

Diagnóstico

El primer signo de daño renal es proteína en la orina, que un médico puede medir en cantidades microscópicas, lo que se llama microalbuminuria. Las cantidades pequeñas de albúmina aparecen en la orina entre 5 a 10 años antes de que ocurra un daño importante en los riñones.

Si tiene diabetes, el médico le sugerirá un monitoreo de la orina y análisis (exámenes) de sangre regulares para evaluar la salud de sus riñones.

Ocasionalmente, es posible que al médico le preocupe que el daño renal en una persona diabética esté relacionado con un problema diferente. En ese caso, es probable que le recomiende otras pruebas como un ultrasonido o una biopsia del riñón. En una biopsia, se extrae (remueve) una porción del tejido del riñón con una aguja y se la examina en el laboratorio.

Duración

La enfermedad renal no puede revertirse una vez que el daño está hecho. La enfermedad renal causada por la diabetes es progresiva, lo que significa que continúa y empeora. No obstante, el control adecuado del azúcar en la sangre y de la presión arterial, y el tratamiento con medicamentos de cualquiera de los dos grupos (vea la prevención, a continuación) pueden retardar el avance de la enfermedad.

Prevención

El mejor modo de prevenir la nefropatía diabética es controlar su nivel de azúcar en la sangre. Además, debe monitorear (chequear) frecuentemente su presión arterial y ésta debe mantenerse debajo de un nivel máximo (presión sistólica, el número “más alto” de presión arterial) de 130 milímetros de mercurio (mm. Hg) y por debajo de un número mínimo (presión diastólica) de 80mm. Hg. Estos niveles meta para la presión arterial son más bajos que los valores que usan las personas que no tienen diabetes.

Hay dos tipos de medicamentos para la presión arterial que protegen contra el daño renal con métodos que van más allá de bajar la presión arterial. Cualquier persona que tenga diabetes y que también tenga presión arterial alta debe tomar uno de estos medicamentos de forma regular. Provienen de un grupo de medicamentos llamados inhibidores de la enzima convertidora de angiotensina (inhibidores ECA), incluido el lisinopril (Zestril, Prinivil), el enalapril (Vasotec), el moexipril (Univasc), el benazepril (Lotensin) y otros, o de un grupo de medicamentos llamados bloqueadores de los receptores de angiotensina (BRA), incluyendo el losartán (Cozaar), el valsartán (Diovan) y otros.

El evitar los medicamentos que algunas veces pueden tener efectos secundarios nocivos para los riñones también puede ayudar a prevenir la enfermedad renal. Si tiene una enfermedad renal severa, es posible que el médico le aconseje evitar los medicamentos para el dolor que pertenecen al grupo de los antiinflamatorios no esteroides (AINES) como el ibuprofeno.

Es probable que una dieta baja en proteínas (10 a 12% o menos de calorías totales) también haga más lento o detenga el avance de la enfermedad renal. Si fuma, debe dejar de hacerlo.

Tratamiento

Si tiene diabetes con presión arterial alta, microalbuminuria o análisis de sangre que demuestren una enfermedad renal, es importante que tome un medicamento del grupo de los inhibidores ECA o BRA. Estos medicamentos retardan el avance de la enfermedad renal en las personas con diabetes, aunque la enfermedad continúa progresando en forma gradual. Estos dos grupos de medicamentos están muy relacionados, de modo que, por lo general, no se usan combinados entre sí.

El reducir la cantidad de proteínas en su dieta también puede ser útil para hacer más lento el avance de la enfermedad renal.

Una vez que la nefropatía alcanza etapas avanzadas, es posible que necesite diálisis para eliminar los productos de desecho de la sangre. Una alternativa para tratar la enfermedad renal avanzada es el transplante de riñón. Hay dos tipos de diálisis, hemodiálisis y diálisis peritoneal. La hemodiálisis filtra las sustancias residuales y elimina el exceso de líquido de la sangre. Generalmente, se hace en un centro de diálisis, en sesiones de tres a cuatro horas, tres veces por semana. La diálisis peritoneal no filtra la sangre directamente. En lugar de eso, para esta forma de diálisis, se introduce un líquido estéril dentro de la cavidad abdominal a través de un catéter (tubo)  que está colocado permanentemente a través de la piel. Así, el líquido se elimina luego de haber absorbido las sustancias de desecho. Cuando se ha adquirido práctica, la diálisis peritoneal puede hacerse en el hogar. Es una buena alternativa para algunas personas, aunque toma bastante tiempo y cuidado personal.

Los transplantes de riñón han permitido que muchas personas con una enfermedad renal severa eviten o suspendan la diálisis. Sin embargo, el donante y el receptor tienen que ser genéticamente compatibles o el cuerpo rechazará el riñón nuevo. El período de espera para un riñón donado compatible es de entre dos a seis años. Los medicamentos anti-rechazo que inhiben el sistema inmunológico ayudan al cuerpo a aceptar el órgano donado. Un receptor de órganos debe esperar que va a tomar dichos medicamentos mientras que el órgano transplantado siga funcionando. Es probable que un riñón transplantado funcione por lo menos 10 años si su genética es muy compatible. Si un riñón transplantado deja de funcionar, es necesario hacer diálisis o un nuevo transplante.

Un transplante de páncreas y de riñón es otro tratamiento posible en una persona con diabetes de tipo 1 con insuficiencia renal. Esta opción está disponible sólo para un número pequeño de personas por la escasez de donantes de órganos, por los riesgos de la cirugía y por la necesidad de tomar medicamentos inmunodepresores de por vida. Cuando es exitosa, el páncreas transplantado comienza a producir insulina y es posible que revierta la diabetes.

Cuándo llamar a un profesional

Si tiene diabetes, debe chequearse la presión arterial con una frecuencia de seis meses a un año o con más frecuencia si es más alta que los valores meta. Si no se le ha diagnosticado nefropatía diabética, al menos una vez al año debe chequear su orina para determinar si hay microalbúmina, comprobar si tiene este problema y diagnosticarlo tan pronto como sea posible. Las personas con enfermedad renal necesitan hacerse pruebas regulares de la función renal (del riñón): una vez al año o más frecuentemente. Si tiene síntomas que sugieren una enfermedad renal avanzada, debe hablarlo con su médico.

Pronóstico

Aunque la insuficiencia renal no siempre puede prevenirse, su agravamiento puede retardarse con medicamentos y con el control de los factores de riesgo. Cuando ocurre una insuficiencia renal completa, las opciones que permiten a las personas continuar llevando vidas activas son la diálisis y un transplante de riñón

Siempre se habla de la diabetes en general o del aumento de la diabetes tipo 2 entre la población mundial y en especial, en los Estados Unidos. Pero y ¿qué hay de la diabetes tipo 1? Si quieres saber de qué se trata esta condición y por qué es diferente de la diabetes tipo 2, ¡no te vayas! Aquí te damos información útil al respecto.

Aunque es menos común, la diabetes tipo 1 también afecta a muchas personas en el mundo. Se le conocía anteriormente como diabetes “juvenil” o diabetes “insulino-dependiente”, debido a que es diagnosticada por lo general en niños y jóvenes y a que como su nombre lo indica, su tratamiento requiere de la insulina. Sin embargo, recientemente, la comunidad médica prefiere referirse a ella como diabetes tipo 1 ya que puede suceder a cualquier edad.

Con más frecuencia escuchamos hablar de la diabetes tipo 2 ya que más común.  De acuerdo con la Asociación Americana de la Diabetes, sólo el 10% de las personas con diabetes tienen diabetes tipo 1. Pero eso no quita que no deba tener la misma atención que la diabetes tipo 2, ¿no es cierto? Muchas personas en el mundo la padecen y es importante que no se sientan solas.

¿Se puede prevenir la diabetes tipo 1? En realidad, no. Y es simplemente porque sus causas aún no están claras. Se piensa que el sistema inmunológico del cuerpo (que se encarga de protegernos de infecciones causadas por bacterias y virus) ataca por error a las células que producen la insulina y que se ubican en el páncreas (las células beta). Es decir, se trata de una enfermedad auto–inmune. No se sabe bien por qué el cuerpo reacciona de esa manera, pero es posible que se deba a factores genéticos o quizá, que la exposición a cierto tipo de virus desencadene la enfermedad.  Las investigaciones al respecto, continúan. También se cree que el tener un padre o un hermano con diabetes tipo 1, puede aumentar ligeramente la predisposición para desarrollarla.

¿Qué pasa en tu organismo cuando tienes diabetes tipo 1?

Es sencillo: el páncreas no produce insulina o produce muy poca. La insulina transporta la glucosa o azúcar a los tejidos y a las células del cuerpo.  A diferencia de la diabetes tipo 2, en la cual la cantidad de insulina puede ser adecuada pero no funciona bien porque hay una resistencia a ella por las células y con menor frecuencia, hay deficiencia de insulina.  En la diabetes tipo 1, no se produce suficiente insulina desde el inicio y puede haber unos anticuerpos (anticuerpo de los Islotes) en la sangre, que son unas proteínas que tu cuerpo forma si existe el componente inmunológico que te platicaba, que indica que está atacando o luchando en contra de las células que producen la insulina (células beta en los Islotes de Langerhans).

¿Qué sucede cuando no hay insulina para transportar la glucosa a las células? Pues que el azúcar se queda en la sangre y las células se quedan sin nutrientes para poder tener energía y desempeñar funciones vitales. ¿Te imaginas? Es como que el cuerpo se quedara sin gasolina para funcionar. Además, esa “gasolina” que no se usa, se queda en la sangre y se acumula, lo cual no es bueno. Los niveles elevados de azúcar en la sangre pueden causar lo siguiente:

  • Deshidratación: El cuerpo, en su esfuerzo por eliminar el exceso de azúcar en la sangre trata de eliminar el azúcar por la orina. Pero cuando se produce demasiada orina, además de azúcar, se elimina demasiada agua, lo cual causa deshidratación. Por eso, si tienes mucha sed y muchas ganas de orinar, debes prestar atención.
  • Cetoacidosis diabética: el cuerpo, en su afán de tener energía, al no poder obtenerla de la glucosa, empieza a intentar obtenerla de la grasa. En ese proceso metabólico se producen ácidos que se acumulan en la sangre y eventualmente, junto con el azúcar acumulada, causa otros daños al organismo. En los casos severos la cetoacidosis es una emergencia que requiere hospitalización. Si hay náusea y/o vómito, cansancio, mareo, debilidad, respiración rápida y olor a acetona en el aliento hay que llamar a los paramédicos o si se trata de un familiar, llevarlo a emergencias.
  • Pérdida de peso: Si no se puede absorber la azúcar en la sangre, no se está aprovechando, se están eliminando todos esos nutrientes por la orina y hay disminución en el peso.
  • Daño a diferentes órganos del cuerpo: los niveles elevados de glucosa en la sangre hacen que poco a poco se dañen los nervios del cuerpo (neuropatía), los riñones (nefropatía) y los ojos (retinopatía) por mencionar algunos. Las complicaciones del corazón y los otros vasos sanguíneos del cuerpo que causan los ataques al corazón, los ataques cerebrales, la enfermedad arterial periférica, la arterioesclerosis, también son una consecuencia de la diabetes tipo 1 no controlada. Las complicaciones a los vasos de los pies y piernas es lo que causa las amputaciones.

¿Cómo se trata la diabetes tipo 1?

El tratamiento principal para la diabetes tipo 1 es la insulina. Las inyecciones o la bombita son la forma para aplicársela en este momento. Debes consultar con tu médico para determinar cuál es la mejor opción para ti, ya que hay varios tipos de insulina.

Al igual que en el caso de la diabetes tipo 2, las personas con diabetes tipo 1 deben llevar una alimentación saludable, siguiendo ciertos horarios y en ciertas cantidades dependiendo del peso y la actividad que realizan, deben hacer ejercicio diariamente y controlar regularmente los niveles de glucosa en la sangre. Las visitas con tu médico y tu equipo de salud serán de acuerdo a tu condición.

De acuerdo a las estadísticas, la diabetes tipo 1 es más común, en las personas de raza blanca y negra pero los hispanos también estamos en riesgo de desarrollarla.

La buena noticia es que el actuar a tiempo y el mantener tu diabetes bajo control es lo que determina que puedas vivir una vida larga y feliz, aún con diabetes tipo 1.

Yo y  mi Paradigm 722

Hace poco estuve con recién diagnosticados con diabetes tipo 1 y sus padres… Y por ahí, cuando les conté que yo uso terapia con bomba de infusión contínua de insulina les surgieron esas preguntas que son naturales: “¿Es lo mejor? ¿Cómo funciona? ¿Qué insulina usa? ¿Cuál es la diferencia? ¿Hay alguna indicación especial? ¿Por qué esta terapia y no otra?”…

En fin. Interrogantes que trataré de responder de a una.
Primero comenzaré con lo que se consideran las ventajas y las desventajas en forma general, de la misma manera que la presentan quienes fabrican las bombas, pero que en mi caso han sido comprobadas en “vivo y en directo” desde hace ya dos años.

Ventajas de la terapia con bomba de insulina

• Mayor Flexibilidad a la hora de comer. La infusión de insulina contínua permite una mayor libertad de horarios y cantidades de hidratos de carbono ingeridos. Por ejemplo, puede retrasarse una comida sin temer a que se termine el efecto de la insulina administrada, como sucede en la terapia con múltiples inyecciones de insulina. El almuerzo del domingo… a las 4 de la tarde de vez en cuando es perfectamente posible sin temor a que nos mandemos una descompensación.

• En la bomba se pueden programar diferentes basales para diferentes momentos del día en función de los requerimientos de insulina. Yo encuentro esta opción muy útil por ejemplo para controlar el aumento de glicemia que se observa en algunos pacientes al levantarse como consecuencia del “fenómeno del alba”. O por ejemplo, programar basales especiales para el fin de semana o vacaciones, cuando uno tiene un inicio de actividades, o la intensidad de las mismas, es muy diferente a la de una semana de estudios o trabajo.

• La terapia con bomba utiliza sólo insulina de acción ultrarápida. Esta insulina tiene un comienzo de acción más rápido, menor duración en el efecto y una menor variabilidad de absorción, por lo que su efecto es más predecible.

• La bomba ofrece la posibilidad de realizar ajustes de insulina de 0,1 en 0,1 unidades de insulina. tema especialmente sensible en niños pequeños, donde esa pequeña diferencia puede significar una hipoglicemia severa o quedarse pegado en una hiperglicemia poco grata.

• Farmacoeconomía. Se usa entre un 30 y un 40% menos de insulina total diaria que en la terapia con multidosis.

• El empleo de la terapia con bomba reduce el riesgo de hipoglicemia. Las hipoglicemias disminuyen y además son más fáciles de recuperar pues la cantidad de insulina en el cuerpo es mínima, sólo la necesaria para mantenerse dentro de los parámetros establecidos.

• Un pinchazo cada tres días y no varios en un día. Esto para cambiar la cánula que se inserta en el subcutáneo.

• Recuperación de los síntomas de hipoglicemia. Cuando llevamos mucho tiempo con diebetes tipo 1, como que los síntomas de “bajas” comienzan a aparecer a niveles cada vez más bajos… peligrosamente más bajos. Al seguir un buen tratamiento con la bomba de insulina, con resultados más acotados, los síntomas de bajas y altas aparecen antes… Y en mi caso, volví a sentir algunos que ya se habían perdido en mi dulce memoria.

Desventajas de la terapia con bomba

• Su alto costo. En Chile no está cubierta por el GES por lo que las personas con diabetes tipo 1 debemos costear de nuestro bolsillo íntegramente tanto la bomba de infusión propiamente tal así como los insumos diarios.

• Con la terapia con bomba el depósito subcutáneo de insulina es muy escaso. Por esto, los pacientes somos más susceptibles de presentar una cetoacidosis rápidamente en caso de interrupción del aporte de insulina. Y esto puede llegar a ser gravísimo. Esta interrupción podría ser una obstrucción del catéter, falta de insulina en el reservorio, agotamiento de la energía de la pila que hace funcionar la bomba, mala instalación del catéter y filtración de la insulina, etc. En todo caso estos hechos pueden ser fácilmente prevenibles con una adecuada instrucción del paciente por parte del equipo que instala la bomba. Como ejemplo les puedo decir que yo, al entrar a la ducha me desconecto con una glicemia de 80 y poco más de 20 minutos después, al volver a conectarme ya estoy en más de 100.

• La bomba debe usarse durante 24 horas al día. La recomendación de desconexión es no más allá de una hora. Por ello hay algunos paciente que dicen sentirse más diabéticos que antes… A mi la verdad me pasó sólo al principio… Después ya me acostumbre y ahora ni la siento.

• Las alarmas de la bomba (sonoras o de vibración) se pueden activar en cualquier momento indicando la necesidad de cambiar el equipo de infusión en momentos poco apropiados… por decir lo menos. Un chiquito de 10 años que usa bomba me decía que le había pasado varias veces en clases… Lo que a él le avergonzaba un poco…

Yo conocía las desventajas antes de cambiarme a esta terapia… pero la verdad es que han sido muy pocas las veces en que las he vivenciado. Hoy no volvería a usar la multidosis, aunque en ese entonces yo tenía buenas hemoglobinas glicosiladas y otra parámetros más, pero es que la calidad de vida me cambioa mi y mi familia… y fue un cambio para bien.