Archive for the ‘Enfermedades Relacionadas a Diabetes’ Category

Investigadores del Institut de Recerca del Hospital Universitario Vall d’Hebrón (VHIR) han descubierto, por primera vez, un déficit de vitamina C en el ojo de los pacientes diabéticos afectados de retinopatía diabética. Este déficit podría explicar por qué los aquejados por esta enfermedad presentan más lesiones de retina. El estudio busca concienciar a este colectivo de la importancia de controlar los niveles de azúcar y aboga por un consumo adecuado de vitamina C y una dieta mediterránea.

La retinopatía diabética es la principal causa de ceguera de la población, en edad laboral, de los países industrializados. La prevalencia de la retinopatía diabética proliferativa puede llegar a ser del 50% en los pacientes con diabetes tipo uno, más o menos a los 15 años de evolución de la enfermedad y del 10% en el caso de los pacientes afectados de diabetes tipo dos.

Los investigadores, liderados por el doctor Rafael Simó, han estudiado el contenido del humor vítreo y han comparado los datos pertenecientes a personas con y sin diabetes. “Cuando se analizó este líquido se vio que, en el caso de los diabéticos, había más cantidad de glucosa y de lactato, previsible a causa de su patología”, afirma Simó.

Los resultados del estudio han constatado la existencia de déficit de vitamina C en los ojos de los diabéticos. “Claramente, la diabetes es la única responsable de este déficit, pues se ha visto que todos los pacientes diabéticos lo presentaban, mientras que ninguno de los pacientes no diabéticos tenían déficit de esta vitamina”, subraya el doctor.

Las conclusiones han sido fruto de una estrecha colaboración entre la Unidad de Investigación en Diabetes y Metabolismo del VHIR y el laboratorio de cardiología experimental del mismo Instituto, dirigido por el doctor David García-Dorado.

El tener diabetes no significa que automáticamente sufras de depresión. Sin embargo, está comprobado que las personas diabéticas están más predispuestas a sentirse deprimidas que quienes no padecen de diabetes. ¿Por qué? Aquí te contamos las posibles causas.

Luego de que te diagnostican diabetes, sientes que el mundo se te viene encima con todos sus cambios: ejercicio, dieta, exámenes médicos. Sientes que debes controlar cada aspecto de tu vida: lo que comes, a qué horas, en qué cantidad, el ejercicio que haces, cómo viajas, qué debes hacer cuando sales a cenar afuera, etc. Además, ahora que eres diabético tienes que establecer una relación muy cercana con tu médico y debes marcar en tu calendario las fechas para tus visitas de control. Las palabras glucosa, sangre, azúcar, dieta, carbohidratos, complicaciones, peso, rondan todo el tiempo en tu cabeza. Además de todo, te estarás preguntando “¿por qué yo?” Definitivamente, el tener diabetes no es algo fácil de asimilar.

Sin embargo, recuerda que el shock del diagnóstico, es normal. Luego, cuando te informas y entiendes de qué se trata el tener diabetes y el papel tan importante que juegas tú en controlarla, vas a sentirte más aliviado o aliviada. Pero esto no quita que haya factores que incrementen tu riesgo de sufrir de depresión. ¿Qué relación hay entre la diabetes y la depresión? Aún no hay estudios que la definan a ciencia cierta, pero sí hay maneras de entender por qué te sientes triste:

  • El manejo diario de la diabetes puede estresarte (lo que comes, a qué hora, el medir los niveles de glucosa, la necesidad de bajar de peso, el tener que estar visitando al médico, etc.)
  • La diabetes, cuando no se controla cuidadosamente, causa complicaciones que pueden generar tensión y disparar los síntomas de la depresión.
  • La depresión puede causar que tomes decisiones que no son buenas para tu diabetes como llevar una dieta poco saludable, hacer menos ejercicio, subir de peso, fumar… todos estos son factores que incrementan el riesgo de complicaciones de la diabetes.
  • Si estás deprimido o deprimida, pierdes la habilidad de comunicarte y pensar con claridad. Esto puede interferir en tu manejo de la enfermedad.

Como ves, la diabetes y la depresión no son una buena combinación. Pero lo bueno, es que hay solución. Los cambios en tu estilo de vida, así como los medicamentos pueden beneficiarte para tratar las dos condiciones. ¿Has escuchado que el ejercicio es bueno para el estado de ánimo? ¡Así es! Esto hace que ejercitarte sea ideal para combatir tanto la diabetes como la depresión.

Si tienes diabetes o alguno de tus seres queridos es diabético, abre bien los ojos para identificar los síntomas de la depresión y para poder hablar con tu médico al respecto. Estos incluyen:

  • Pérdida de interés en las cosas que disfrutabas hacer anteriormente.
  • Te despiertas más temprano de lo normal y no puedes volverte a dormir (cambios en los patrones de sueño o problemas para conciliar el sueño).
  • Tristeza y desesperanza, en especial cuando te despiertas por la mañana.
  • Dificultad para concentrarte y tomar decisiones.
  • Cambios en el apetito que pueden llevar a una rápida pérdida o aumento de peso.
  • Sensación de cansancio todo el tiempo.
  • Dolores de cabeza y de espalda que no tienen explicación aparente.
  • Pensamientos suicidas.

Si notas estos síntomas, no permanezcas en silencio. Recuerda que puede haber causas físicas para tu depresión y que el mal manejo de la diabetes también afecta tu estado de ánimo. Durante el día, el aumento del azúcar en la sangre puede hacerte sentir cansado y ansioso. La glucosa baja puede darte mucha hambre y hace que comas en exceso. Durante la noche, si tienes la glucosa en niveles altos, puede que te levantes muchas veces para orinar y te sientas muy cansado al día siguiente.

¡Busca ayuda! La depresión y la diabetes no hacen una buena pareja, pero esto se puede solucionar si hablas con tu médico.

¿Qué es?

La cetoacidosis diabética es una complicación potencialmente mortal de la diabetes que ocurre cuando una persona tiene mucha menos insulina que la que el cuerpo necesita. Este problema hace que la sangre se vuelva ácida y el cuerpo se deshidrate de manera peligrosa. La cetoacidosis diabética puede presentarse cuando la diabetes no se trata de manera adecuada o cuando se está gravemente enfermo.

Para comprender esta enfermedad, usted necesita entender el modo en el que el cuerpo se proporciona energía a sí mismo con el azúcar y con otros combustibles. El cuerpo metaboliza (digiere, descompone) los alimentos que comemos y mucho de lo que ingerimos se convierte en glucosa (un tipo de azúcar), que ingresa al torrente sanguíneo (a la sangre). La insulina ayuda a la glucosa a pasar del torrente sanguíneo a las células, en donde se la utiliza para generar energía. Normalmente, el páncreas produce insulina, pero las personas con diabetes de tipo 1 (diabetes insulino-dependiente) no producen suficiente insulina y deben inyectársela a diario.

El cuerpo necesita una fuente constante de energía. Cuando usted tiene mucha  insulina, las células del cuerpo pueden obtener toda la energía que necesitan de la glucosa. Si no tiene suficiente insulina en la sangre, el hígado se programa para fabricar combustibles de emergencia. Estos combustibles, producidos de la grasa, se llaman cetonas (o cetoácidos). En un apuro, las cetonas pueden darle energía. Sin embargo, si el cuerpo depende durante mucho tiempo de las cetonas para obtener energía, usted pronto se enfermará. Las cetonas son químicos ácidos que son tóxicos en concentraciones elevadas.

En la cetoacidosis diabética, las cetonas se acumulan en la sangre, lo que altera seriamente la química normal de la sangre e interfiere con el funcionamiento de muchos órganos. Hacen que la sangre se vuelva ácida, lo que produce vómitos y dolor abdominal. Si el nivel de acidez de la sangre se vuelve extremo, la cetoacidosis puede hacer que la presión arterial baje, puede producir un coma y la muerte.

La cetoacidosis siempre está acompañada de deshidratación, lo que produce niveles elevados de glucosa en la sangre. La glucosa se acumula en la sangre si no hay suficiente insulina para hacer que la glucosa entre en las células. Durante un episodio de cetoacidosis, es común que el azúcar en la sangre se eleve a un nivel superior a 400 miligramos por decilitro. Cuando los niveles de azúcar en la sangre son tan altos, una pequeña cantidad de azúcar “inunda” la orina. Así como el azúcar es transportada por la orina, el agua, la sal y el potasio entran en la orina con cada molécula de azúcar y el cuerpo pierde grandes cantidades de líquido y electrolitos, que son minerales que desempeñan un papel crucial en el funcionamiento de las células. Al tiempo que esto sucede, usted produce mucha más orina de lo normal. Finalmente, es probable que para usted sea imposible beber suficiente líquido como para igualar las cantidades que orina. Los vómitos producidos por la acidez de la sangre también contribuyen a la pérdida de líquidos y a la deshidratación.

Las personas con diabetes de tipo 1 están en riesgo de padecer cetoacidosis diabética. Si tiene diabetes de tipo 1, puede tener cetoacidosis porque ha dejado de recibir las inyecciones de insulina o porque la dosis de insulina es demasiado baja. Puede ser provocada por una infección o por un estrés físico intenso, como una lesión o una cirugía, porque su cuerpo puede necesitar más insulina de la normal durante estos episodios de estrés. La cetoacidosis no ocurre a menudo en personas con diabetes de tipo 2. En la mayoría de las personas que tienen diabetes de tipo 2, los niveles de insulina en la sangre no descienden lo suficiente como para enviar al hígado la señal para producir cetonas.

En aproximadamente el 25% de los niños con diabetes, los síntomas de cetoacidosis son la primera señal de que tienen diabetes.

Síntomas

Los síntomas de la cetoacidosis diabética incluyen:

  • orinar frecuentemente
  • sed intensa
  • boca seca
  • piel fría
  • náuseas y vómitos con o sin dolor abdominal

A medida que los niveles de las cetonas en la sangre aumentan, el patrón de la respiración de la persona puede hacerse lenta y profunda, y su aliento puede tener un olor a frutas. La persona con cetoacidosis puede parecer cansada o confundida, o puede tener problemas para prestar atención. Sin un tratamiento rápido en el primer día de la aparición de los síntomas, la enfermedad puede producir presión arterial baja, pérdida del conocimiento, coma o la muerte.

Si tiene diabetes de tipo 1, es importante que mida sus niveles de glucosa en la sangre en su hogar con una máquina llamada glucómetro. También debe tener las tiras de papel para la prueba que pueden detectar las cetonas en la orina. Si la lectura de la glucosa en sangre es superior a los 300 miligramos por decilitro, debe hacer una prueba para detectar cetonas en la orina. Si la tira de la prueba de la orina demuestra una lectura “moderada” o “alta”, es posible que tenga cetoacidosis.

Diagnóstico

Las personas con cetoacidosis diabética se tratan siempre en un hospital. Su médico le hará análisis de sangre para ver los niveles de glucosa, cetonas y electrolitos, como el sodio y el potasio. Si ha estado usando insulina sin saltarse ninguna dosis, su médico querrá determinar si tiene una infección.

Duración

Los síntomas de la cetoacidosis diabética pueden desarrollarse en un período de pocas horas y el resultado del tratamiento es una recuperación rápida. Generalmente, las personas que desarrollan cetoacidosis permanecen hospitalizadas de uno a tres días.

Prevención

Si tiene diabetes tipo 1, generalmente puede prevenir la cetoacidosis diabética al seguir su régimen de insulina y una dieta recetada por su médico, y chequeándose su glucosa (azúcar) en la sangre regularmente. Si su cuerpo se estresa por una infección, la cetoacidosis puede aparecer en horas y es posible que usted no pueda evitarlo. Es importante que usted monitoree su azúcar en la sangre con más frecuencia durante una infección, para que pueda regular el tratamiento. También es importante que reconozca que los vómitos y el dolor abdominal pueden ser síntomas de cetoacidosis, así puede obtener ayuda médica rápidamente.

Para ayudar a asegurarse de que recibirá el tratamiento de emergencia apropiado para la cetoacidosis diabética si está lejos de su hogar, use un collar con identificación médica o una pulsera que lo identifique como diabético. Esto ayudará al personal de emergencias a reconocer su problema rápidamente si se encuentra entre personas extrañas y está demasiado enfermo como para hablar por sí mismo.

Tratamiento

Cuando esté en el hospital, tratarán su cetoacidosis diabética con insulina para disminuir el nivel de glucosa en la sangre. También recibirá una gran cantidad de líquidos intravenosos (a través de una vena). Medirán frecuentemente sus niveles de glucosa en sangre y de acidez, y recibirá suplementos de potasio para reestablecer el almacén de este mineral esencial en su cuerpo. Hasta que los análisis (exámenes) sanguíneos vuelvan a ser normales, seguirán sus signos vitales (temperatura, pulso, respiración y presión arterial) y diuresis (cantidad de orina). Si su episodio de cetoacidosis fue provocado por una infección, se usarán antibióticos u otros medicamentos para tratar la infección.

Cuándo llamar a un profesional

Si tiene diabetes tipo 1 y tiene una lectura del glucómetro de 300 miligramos por decilitro, debe chequear su orina para determinar si hay cetonas. Llame a su médico si hay niveles moderados o altos de cetonas, o si no ha hablado antes sobre cómo ajustar su dosis de insulina cuando el nivel de azúcar está alto. Su médico le dará recomendaciones más específicas acerca de cuándo y con cuánta frecuencia chequear la glucosa en sangre y la orina, y cuáles lecturas debe buscar. También llame a su médico siempre que tenga náuseas y vómitos y no entienda la causa, ya sea que tenga dolor abdominal o no lo tenga.

Pronóstico

Con tratamiento apropiado, más del 95 por ciento de los pacientes se recuperan de la cetoacidosis diabética.

¿Qué es?

La nefropatía diabética es una enfermedad renal (del riñón) que es una complicación de la diabetes. Pueden padecerla las personas con diabetes de tipo 2, el tipo de diabetes que es más común y cuya causa es la resistencia a la insulina. O las personas con diabetes de tipo 1, el tipo que más frecuentemente comienza a una edad temprana y que es el resultado de una producción reducida de insulina. El daño de los vasos sanguíneos más pequeños causa la nefropatía diabética. Cuando los vasos sanguíneos comienzan a dañarse, ambos riñones comienzan a filtrar (derramar) proteínas hacia de la orina. A medida que el daño en los vasos sanguíneos continúa, los riñones pierden gradualmente su capacidad para eliminar los productos de deshecho de la sangre.

Hasta el 40% de las personas con diabetes de tipo 1 eventualmente desarrollan enfermedad renal importante, que algunas veces requiere diálisis o un trasplante de riñón. Sólo entre el cuatro y el seis por ciento de todos los pacientes con diabetes de tipo 2 terminan necesitando diálisis, aunque entre el 20 y el 30% de las personas con diabetes de tipo 2 desarrollarán algo de daño renal. Aproximadamente el 40 por ciento de todas las personas que necesitan iniciar diálisis tienen una insuficiencia renal producida por diabetes de tipo 1 ó 2.

Síntomas

Generalmente, no hay síntomas en las primeras etapas de la nefropatía diabética. Cuando los síntomas comienzan a aparecer, pueden incluir inflamación (hinchazón) de los tobillos y cansancio leve. Los síntomas posteriores incluyen fatiga extrema, náuseas, vómitos y orinar menor de lo normal.

Diagnóstico

El primer signo de daño renal es proteína en la orina, que un médico puede medir en cantidades microscópicas, lo que se llama microalbuminuria. Las cantidades pequeñas de albúmina aparecen en la orina entre 5 a 10 años antes de que ocurra un daño importante en los riñones.

Si tiene diabetes, el médico le sugerirá un monitoreo de la orina y análisis (exámenes) de sangre regulares para evaluar la salud de sus riñones.

Ocasionalmente, es posible que al médico le preocupe que el daño renal en una persona diabética esté relacionado con un problema diferente. En ese caso, es probable que le recomiende otras pruebas como un ultrasonido o una biopsia del riñón. En una biopsia, se extrae (remueve) una porción del tejido del riñón con una aguja y se la examina en el laboratorio.

Duración

La enfermedad renal no puede revertirse una vez que el daño está hecho. La enfermedad renal causada por la diabetes es progresiva, lo que significa que continúa y empeora. No obstante, el control adecuado del azúcar en la sangre y de la presión arterial, y el tratamiento con medicamentos de cualquiera de los dos grupos (vea la prevención, a continuación) pueden retardar el avance de la enfermedad.

Prevención

El mejor modo de prevenir la nefropatía diabética es controlar su nivel de azúcar en la sangre. Además, debe monitorear (chequear) frecuentemente su presión arterial y ésta debe mantenerse debajo de un nivel máximo (presión sistólica, el número “más alto” de presión arterial) de 130 milímetros de mercurio (mm. Hg) y por debajo de un número mínimo (presión diastólica) de 80mm. Hg. Estos niveles meta para la presión arterial son más bajos que los valores que usan las personas que no tienen diabetes.

Hay dos tipos de medicamentos para la presión arterial que protegen contra el daño renal con métodos que van más allá de bajar la presión arterial. Cualquier persona que tenga diabetes y que también tenga presión arterial alta debe tomar uno de estos medicamentos de forma regular. Provienen de un grupo de medicamentos llamados inhibidores de la enzima convertidora de angiotensina (inhibidores ECA), incluido el lisinopril (Zestril, Prinivil), el enalapril (Vasotec), el moexipril (Univasc), el benazepril (Lotensin) y otros, o de un grupo de medicamentos llamados bloqueadores de los receptores de angiotensina (BRA), incluyendo el losartán (Cozaar), el valsartán (Diovan) y otros.

El evitar los medicamentos que algunas veces pueden tener efectos secundarios nocivos para los riñones también puede ayudar a prevenir la enfermedad renal. Si tiene una enfermedad renal severa, es posible que el médico le aconseje evitar los medicamentos para el dolor que pertenecen al grupo de los antiinflamatorios no esteroides (AINES) como el ibuprofeno.

Es probable que una dieta baja en proteínas (10 a 12% o menos de calorías totales) también haga más lento o detenga el avance de la enfermedad renal. Si fuma, debe dejar de hacerlo.

Tratamiento

Si tiene diabetes con presión arterial alta, microalbuminuria o análisis de sangre que demuestren una enfermedad renal, es importante que tome un medicamento del grupo de los inhibidores ECA o BRA. Estos medicamentos retardan el avance de la enfermedad renal en las personas con diabetes, aunque la enfermedad continúa progresando en forma gradual. Estos dos grupos de medicamentos están muy relacionados, de modo que, por lo general, no se usan combinados entre sí.

El reducir la cantidad de proteínas en su dieta también puede ser útil para hacer más lento el avance de la enfermedad renal.

Una vez que la nefropatía alcanza etapas avanzadas, es posible que necesite diálisis para eliminar los productos de desecho de la sangre. Una alternativa para tratar la enfermedad renal avanzada es el transplante de riñón. Hay dos tipos de diálisis, hemodiálisis y diálisis peritoneal. La hemodiálisis filtra las sustancias residuales y elimina el exceso de líquido de la sangre. Generalmente, se hace en un centro de diálisis, en sesiones de tres a cuatro horas, tres veces por semana. La diálisis peritoneal no filtra la sangre directamente. En lugar de eso, para esta forma de diálisis, se introduce un líquido estéril dentro de la cavidad abdominal a través de un catéter (tubo)  que está colocado permanentemente a través de la piel. Así, el líquido se elimina luego de haber absorbido las sustancias de desecho. Cuando se ha adquirido práctica, la diálisis peritoneal puede hacerse en el hogar. Es una buena alternativa para algunas personas, aunque toma bastante tiempo y cuidado personal.

Los transplantes de riñón han permitido que muchas personas con una enfermedad renal severa eviten o suspendan la diálisis. Sin embargo, el donante y el receptor tienen que ser genéticamente compatibles o el cuerpo rechazará el riñón nuevo. El período de espera para un riñón donado compatible es de entre dos a seis años. Los medicamentos anti-rechazo que inhiben el sistema inmunológico ayudan al cuerpo a aceptar el órgano donado. Un receptor de órganos debe esperar que va a tomar dichos medicamentos mientras que el órgano transplantado siga funcionando. Es probable que un riñón transplantado funcione por lo menos 10 años si su genética es muy compatible. Si un riñón transplantado deja de funcionar, es necesario hacer diálisis o un nuevo transplante.

Un transplante de páncreas y de riñón es otro tratamiento posible en una persona con diabetes de tipo 1 con insuficiencia renal. Esta opción está disponible sólo para un número pequeño de personas por la escasez de donantes de órganos, por los riesgos de la cirugía y por la necesidad de tomar medicamentos inmunodepresores de por vida. Cuando es exitosa, el páncreas transplantado comienza a producir insulina y es posible que revierta la diabetes.

Cuándo llamar a un profesional

Si tiene diabetes, debe chequearse la presión arterial con una frecuencia de seis meses a un año o con más frecuencia si es más alta que los valores meta. Si no se le ha diagnosticado nefropatía diabética, al menos una vez al año debe chequear su orina para determinar si hay microalbúmina, comprobar si tiene este problema y diagnosticarlo tan pronto como sea posible. Las personas con enfermedad renal necesitan hacerse pruebas regulares de la función renal (del riñón): una vez al año o más frecuentemente. Si tiene síntomas que sugieren una enfermedad renal avanzada, debe hablarlo con su médico.

Pronóstico

Aunque la insuficiencia renal no siempre puede prevenirse, su agravamiento puede retardarse con medicamentos y con el control de los factores de riesgo. Cuando ocurre una insuficiencia renal completa, las opciones que permiten a las personas continuar llevando vidas activas son la diálisis y un transplante de riñón

Tanto la Diabetes como las enfermedades tiroideas son trastornos que se desarrollan debido a alteraciones hormonales, por ello es que se les considera como enfermedades endocrinas. Cuando se produce una alteración tiroidea en alguien con Diabetes se puede dificultar el control adecuado de los niveles de glucosa. El problema es que muy frecuentemente, estos padecimientos se asocian en una misma persona.

La tiroides es una glándula con forma de mariposa situada en la parte inferior del cuello que regula el metabolismo del cuerpo, los procesos como la utilización y almacenamiento de energía a través de la liberación de unas substancias denominadas hormonas tiroideas. Si se producen demasiadas de estas hormonas, entonces, el metabolismo se acelera (hipertiroidismo) y si se producen pocas hormonas, el funcionamiento del metabolismo se hace más lento (hipotiroidismo).

Efectos sobre la Diabetes

El hipertiroidismo acelera el metabolismo y por tanto, en una persona con Diabetes provoca que los fármacos atraviesen el cuerpo con más rapidez. Los niveles de azúcar pueden subir porque las dosis habituales de modificación no permanecen en el cuerpo el tiempo suficiente para controlar sus niveles de azúcar.

Algunos de los síntomas de hipertiroidismo pueden confundirse con los de hipoglucemia. Esto obliga a comprobar los síntomas con su medidor de glucosa cada vez que sospeche hipoglucemia para evitar comer comida extra y provocar una subida en los niveles de glucemia.

Cuando se produce hipotiroidismo, es decir, cuando el metabolismo se torna lento, las personas con Diabetes pueden experimentar hipoglucemias principalmente porque la medicación habitual permanece más tiempo actuando en el cuerpo. Esta es la razón por la que muchas veces en el hipotiroidismo es necesario reducir la dosis de medicación.

En el mundo existen más de 300 millones de personas que tienen problemas tiroideos y se estima que más de la mitad de ellos no son conscientes de su condición y los riesgos que implica para su salud, señala la Federación Internacional de la Tiroides.

En México, el 5% de la población vive con alguna alteración en la tiroides sin conocer que la tiene. “Lo preocupante es que de no tratarse estás disfunciones tiroideas, pueden causar complicaciones muy graves y potencialmente fatales. En el hipotiroidismo, por ejemplo, la frecuencia cardiaca disminuye tanto que puede poner en riesgo la vida, además de promover el desarrollo de hipertensión y colesterol elevado, y predisponer al desarrollo de enfermedad de Alzheimer”