Por qué se afectan ante esta enfermedad crónica y qué hacer para cuidarlos.

La diabetes es una enfermedades metabolicas  en la que el cuerpo no tiene suficiente insulina, ya sea porque no es fabricada en cantidades correctas o porque, a pesar de haber mucha en circulación, las células del cuerpo no la reconocen. Como primeras medidas el paciente diabético deberá controlar su glucemia (o cantidad de glucosa en sangre) por el resto de su vida, a veces con una dieta acorde, otras veces con medicación y en algunas ocasiones con ambas. Sin embargo, más allá de los valores en sangre, existen otras complicaciones.

Alteraciones vasculares

La principal consecuencia de la diabetes se encuentra en los vasos sanguíneos, que se endurecen lentamente disminuyendo el aporte de sangre a cada región. Algunos órganos del cuerpo son, naturalmente, más sensibles al aporte sanguíneo y por eso sufren esta deficiencia primero. Ellos son el cerebro, el corazón y el riñón. Y, como es de suponer, aquellas zonas que están más lejos del corazón tienen normalmente menos recambio sanguíneo y es más dificultoso el retorno venoso. Y por ello los pies se afectan notablemente.

Neuropatía diabética

La poca irrigación altera la correcta conducción de los nervios, lo que se conoce como neuropatía diabética. Los nervios son los encargados de informar sobre presiones, sensibilidad, posición del cuerpo y dolor. Por eso junto con la alteración sanguínea se suma la deficiencia nerviosa. El paciente puede perder la sensibilidad o, por el contrario, dolerle mucho más sus pies. A veces siente cosquilleos, quemazón, picazón. Los músculos también se debilitan y comienzan a doler. Cuando estas alteraciones progresan con el tiempo, el pie se necrosa en sus tejidos profundos, se infecta y se destruyen sus estructuras. Eso es lo que se conoce como “Pie diabetico”.


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